España es un país con una profunda y arraigada tradición machista, enraizada en nuestra cultura y en nuestros hábitos cotidianos de forma inconsciente; sea como fuere, en las últimas décadas se ha tratado de eliminar esta nefasta práctica, desde el derecho a votar hasta la incorporación de la mujer al mercado laboral. En este aspecto concretamente se ha llevado a cabo una medida muy concreta que a mí, como mujer que soy, me pone los pelos como escarpias: en efecto, la discriminación positiva.
El contexto en el que ésto aparece más remarcado es el político, cada vez que, en unas elecciones generales, los periodistas gritan a los cuatro vientos que "el nuevo gobierno estará formado por siete mujeres y seis hombres". ¿Y qué? ¿Qué simboliza, en pleno siglo XXI, usar un criterio sexista para describir un gabinete de políticos? A mí, personalmente, me importa más la formación de la que gocen estos individuos, su competencia en asuntos de Estado y honestidad como personas; si llevan sujetador o calzoncillos, me viene a dar igual. En cambio, tenemos altos cargos (ya sean políticos, empresarios o alienígenas) que se jactan de "emplear mujeres", como si fuéramos un pedazo de mobiliario. Pero seamos sinceros, estas tonterías sólo se hacen en instituciones públicas; las empresas privadas no se andan con niñerías, y la tasa de contratación de mujeres en este sector se ve drásticamente reducida. No salimos rentables.
No obstante, ése es otro tema. Ciñéndome a la discriminación positiva, en estas "medidas igualitarias", el mensaje pseudo-sutil que llega, a mi parecer, es "pobrecita, que es mujer... venga, va, le doy un cargo importante". La discriminación positiva no sólo afirma, sino que REafirma esta presunta inferioridad del sexo femenino; este enfoque es un enorme cartel de neón que grita que somos estúpidas por naturaleza, y que por lo tanto los oh-so-magnánimos hombres deben hacer concesiones. Que nos aprueban por pena, vamos.
Teniendo en cuenta que el machismo es una ideología casi innata del sexo masculino desde hace más de cuarenta siglos, y que es una cuestión de cultura (vergonzosa, pero cultura al fin y al cabo), resulta "lógico" que pretendan subyugarnos. Y con todo, personalidades tan grandes como Marie Curie, Clara Schumann, Eva Perón, ¡Isabel la Católica!; todas ellas fueron discriminadas directamente (Isabel quizá no, pero a ver quién se atrevía...) y a la vez excepcionales en sus disciplinas; sufrieron como auténticas mártires y nos dejaron un legado digno de admirar. Y eran mujeres. Y nadie las puso ahí por pena. Para mí está muy claro lo que eso quiere decir. Si van a discriminarme, prefiero que lo hagan a la cara.
"Debes convertirte en el cambio que deseas ver en el mundo."
—Gandhi
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martes, 25 de noviembre de 2014
miércoles, 5 de noviembre de 2014
"Soy real"
Después de mucho tiempo en silencio, hoy voy a alzar la voz para hablar de algo que personalmente considero muy serio. En efecto, los trastornos mentales son algo real, que están presentes entre nosotros, muchas veces de pseudo-incógnito. Y digo "pseudo" porque no es que no se manifiesten, es que no se les hace ni puñetero caso, con perdón de la expresión. No me refiero a enfermedades (sí, amigos, un trastorno mental es una enfermedad, pero nos esforzamos por eufemizarla para poder tomarnos la licencia de mirar hacia otro lado) como la esquizofrenia o la demencia, que como son afecciones que resultan peligrosas para la sociedad, se les pone remedio inmediato (prefiero dejarlo ahí y no meterme en ese tema, porque como empiece... me tenéis que sujetar). Estoy hablando de esos grandes tabús como son la depresión, la ansiedad, la conducta suicida, la anorexia.
Pero, ah, amigos, después está la depresión. Sí, eso que se toma a coña, de lo que te ríes con los colegas cuando el pobre Luisito no ha podido ligar en la barra. Sin embargo, la depresión es real. Muy real.
Pero claro, es más fácil de ignorar. Porque asumámoslo, no nos gustan los problemas. Y si Fulanita está deprimida, estará también más agresiva, y saca peores notas, y parece que tiene conductas suicidas, pero... ¡buf! Coge y vete a decírselo a... ¿a quién? ¿A su tutor...?, ¿al psicólogo del colegio..., ¿a sus padres? Mucho embrollo. Además, es sólo una fase. Eso se pasa. Pero resulta que Fulanita no está deprimida porque la haya dejado su novio, o porque se vayan a separar sus padres, sino porque, ¡sorpresa!, es depresiva. Y repito, la depresión es una enfermedad real. Una situación que consumirá su vida poco a poco (tipo Dementor, pero sin los ruidos raros), que puede llevarla a querer quitarse la vida (¿veis? Si hasta yo uso eufemismos), incluso a autolesionarse. Este trastorno tan terrible se toma siempre a broma, nunca en serio. Y resulta a mi humilde parecer, trágico que el índice de suicidio adolescente esté subiendo a velocidad de vértigo, así como también lo es que la gente (no sólo adolescentes, también adultos) bromee acerca de los trastornos psiquiátricos.
Esta misma tarde, en clase de inglés, mi profesora ha dicho, muriéndose de la risa "Yo creo que a lo mejor tienes que ir al psiquiatra a que te lo miren", refiriéndose a unos chicos que estaban haciendo tontunas en clase. He tenido que contenerme para no alzar la mano y preguntar, en medio del gallinero de carcajadas: ¿Te parece gracioso?
Os pregunto a vosotros, humanos Humanistas: ¿Os parece gracioso? ¿Por qué no se puede hacer una broma acerca del cáncer pero sí de los trastornos psicopsiquiátricos? ¿Tanto miedo nos da enfrentarnos a la cruenta realidad de que existen que optamos por reír para no llorar? ¿Por qué a los niños suicidas no se les ofrece esa palmadita en la espalda, esa red de seguridad que sí se da a las enfermedades físicas?
No sé si quiero saber las respuestas a estas preguntas, pero tengo claro cuáles son las mías. No debería usar adjetivos peyorativos, pero esa parte de mi cerebro que se esfuerza en ocultar una realidad de la que aparentemente tengo que avergonzarme, esa parte, deja dos palabras grabadas en mí:
Y la anorexia ni siquiera entra del todo en mi saco; éste es un trastorno tan común que ya apenas ni nos sorprende, pero sus consecuencias físicas son obvias, por lo que es un poquito más difícil hacerles menos caso que al pito del sereno. Además, seamos francos, la anorexia es un claro residuo de la actividad social, "esta putrefacta sociedad, nacida de las mismísimas entrañas del diablo, la envidia y las coles de bruselas, destrozando vidas y cuerpos; oh, ahí te maldigan los Jinetes del Apocalípsis, Sandro Rey y Pablo Iglesias..."... bueno, ya paro, que me pierdo. El caso es que nos encaaaanta poder echarle la culpa a la sociedad, ¡porque es mucho más fácil! Todo a tu alrededor grita "¡gorda!", y bueno, pues es comprensible que las pobres chicas (y chicos, ojo) tengan problemas. Así que se las trata.
Pero, ah, amigos, después está la depresión. Sí, eso que se toma a coña, de lo que te ríes con los colegas cuando el pobre Luisito no ha podido ligar en la barra. Sin embargo, la depresión es real. Muy real.
Pero claro, es más fácil de ignorar. Porque asumámoslo, no nos gustan los problemas. Y si Fulanita está deprimida, estará también más agresiva, y saca peores notas, y parece que tiene conductas suicidas, pero... ¡buf! Coge y vete a decírselo a... ¿a quién? ¿A su tutor...?, ¿al psicólogo del colegio..., ¿a sus padres? Mucho embrollo. Además, es sólo una fase. Eso se pasa. Pero resulta que Fulanita no está deprimida porque la haya dejado su novio, o porque se vayan a separar sus padres, sino porque, ¡sorpresa!, es depresiva. Y repito, la depresión es una enfermedad real. Una situación que consumirá su vida poco a poco (tipo Dementor, pero sin los ruidos raros), que puede llevarla a querer quitarse la vida (¿veis? Si hasta yo uso eufemismos), incluso a autolesionarse. Este trastorno tan terrible se toma siempre a broma, nunca en serio. Y resulta a mi humilde parecer, trágico que el índice de suicidio adolescente esté subiendo a velocidad de vértigo, así como también lo es que la gente (no sólo adolescentes, también adultos) bromee acerca de los trastornos psiquiátricos.
Esta misma tarde, en clase de inglés, mi profesora ha dicho, muriéndose de la risa "Yo creo que a lo mejor tienes que ir al psiquiatra a que te lo miren", refiriéndose a unos chicos que estaban haciendo tontunas en clase. He tenido que contenerme para no alzar la mano y preguntar, en medio del gallinero de carcajadas: ¿Te parece gracioso?
Os pregunto a vosotros, humanos Humanistas: ¿Os parece gracioso? ¿Por qué no se puede hacer una broma acerca del cáncer pero sí de los trastornos psicopsiquiátricos? ¿Tanto miedo nos da enfrentarnos a la cruenta realidad de que existen que optamos por reír para no llorar? ¿Por qué a los niños suicidas no se les ofrece esa palmadita en la espalda, esa red de seguridad que sí se da a las enfermedades físicas?
No sé si quiero saber las respuestas a estas preguntas, pero tengo claro cuáles son las mías. No debería usar adjetivos peyorativos, pero esa parte de mi cerebro que se esfuerza en ocultar una realidad de la que aparentemente tengo que avergonzarme, esa parte, deja dos palabras grabadas en mí:
SOY REAL.
sábado, 19 de julio de 2014
Nueva Colaboradora
Queridos lectores, una vez más, debo pediros perdón por haber abandonado el blog y su correspondiente proyecto; como excusa, insuficiente, pongo mis estudios, que este año han sido de especial exigencia; ahora que es verano, no obstante, me estoy centrando en escribir literatura, por lo que, por desgracia, mis contribuciones a Humana y Humanista seguirán siendo muy escasas por el momento.
En otro orden de cosas, os quiero presentar a nuestra nueva colaboradora; por motivos personales, me ha pedido que la mantenga en el anonimato, así que lo más que puedo deciros de ella es que se va a presentar con el siguiente artículo, acerca de los cánones de belleza. Espero que la recibáis tan bien como se merece, y que disfrutéis de su opinión.
En otro orden de cosas, os quiero presentar a nuestra nueva colaboradora; por motivos personales, me ha pedido que la mantenga en el anonimato, así que lo más que puedo deciros de ella es que se va a presentar con el siguiente artículo, acerca de los cánones de belleza. Espero que la recibáis tan bien como se merece, y que disfrutéis de su opinión.
Cánones de Belleza
A veces me siento a pensar y me
pregunto ¿Quién ha decidido lo que es bello? ¿Quién ha osado quitarnos la
libertad de decidir si algo te parece o no agraciado? Es decir, si coges a 20
personas y le preguntas qué es lo que les parece atractivo en alguien, o sea,
cuáles son sus cánones de belleza probablemente dirán cosas similares, lo que
no tiene demasiado sentido si consideramos que cada ser humano es único y
diferente. Antiguamente tenía todo el sentido del mundo. Se consideraba atractivo
lo que se creía que era sano, o dicho con otras palabras, todo lo que se
pensara que contribuía a una raza más fuerte. ¡Pero es que ahora no tiene
ningún maldito sentido! Muchas veces para poder optar a los ideales tan enormes
que hay llegamos a hacer verdaderas locuras. Nos ponemos bolsas de plástico y
silicona en el pecho, veneno de serpiente en la cara para quitar las arrugas,
un maquillaje que nos deja los poros del tamaño del ojo de un cíclope, y lo
peor de todo, las dietas. Esas chicas a las que te da hasta cosa que anden por
la calle por si se desmayan o el viento se las lleva. Me parece tan absurdo que
obliguen a unas pobres chiquillas a morirse de hambre, o peor aún, a enfermar.
Porque yo lo siento pero la anorexia y demás trastornos alimenticios son algo
relativamente nuevo. Algo que surgió por la presión de la sociedad. Algo que me
parece, como mínimo, denigrante para las personas. Y lo más gracioso de todo,
es que cuando eso ocurre, la culpa es de la chica. La sociedad quería que
cupieran en la talla 32, pero oye, que no queríamos que dejaran de comer. Vamos
a ver, si se supone que la chica “ideal” mide 1.80, tiene una talla 32,pelo
rubio, ojos azules, es alegre, y por qué no decirlo, un poco puta, porque
últimamente se ha puesto muy de moda eso de ir de fiesta, emborracharte y
acostarte con la mitad de las personas, y se ve como algo normal, se ve como
algo hasta coherente que el cuerpo sea lo único importante ; ¿cómo tienen
después la poca decencia de andar quejándose de que hay depresión, hipocresía,
trastornos…?
Pero bueno, las mujeres no son
las únicas en sufrir los efectos de los cánones, los hombres tienen sus propios
problemas. Pensemos en el hombre ideal, me imagino que será un hombre alto, de
piel morena, y musculoso. Pero musculosos en algunos casos llevados al extremo,
y si no tiene tiempo de ir al gimnasio (o aunque lo tenga muchas veces)
recurren a los esteroides, algo que es enormemente perjudicial, ¿sabéis esos
chicos hinchados, musculosos, que se les notan todas esas venas por los brazos
y se creen muy machos? Me encantaría verles en 10 años cuando tengan
impotencia. Eso por un lado, y después están los que se ponen morenos en las
cabinas de auto bronceado, cáncer. Es radiación pura y dura, y por la tontería
de estar morenos estáis aumentando considerablemente la posibilidad de un
cáncer de piel.
Cada vez que oigo a alguien
quejándose de los cánones de belleza y veo que esa persona es justo el
prototipo de persona, pierdo un poco más la fe en la humanidad. Porque esa es
otra, las modas, está de moda quejarse de la sociedad sin entender realmente
nada, o incluso quejarse de lo que uno es. ¿Alguien me explica que pinta uno de
esos tuiteros, que personalmente pienso que deberían estar en tuenti/ facebook
porque solo suben fotos, quejándose de la sociedad? Cuando precisamente él es
el mejor ejemplo de sociedad. Pero me estoy yendo del tema principal, que eran
los cánones de belleza, esos ideales imposibles que no entiendo cómo han podido
llegar hasta ahí. Es que son perjudiciales muchos de ellos. Tanto física (como
he explicado en el primer párrafo), como psíquicamente. Porque, seamos
sinceros, ¿quién no ha visto a nadie meterse con alguien por estar gordo, ser
feo, llevar gafas(antes de toda la moda hipster)…? y digo visto, como digo que
has sido tú el que se ha burlado, o el que ha sufrido el acoso.
Aunque en cierta forma sí que los
entiendo, entiendo la finalidad de los ideales de belleza, con esto quiero
decir, desde siempre han intentado formar a un pueblo ignorante, preocupado en temas
superficiales y en producir, y es normal, pues un pueblo inculto es un pueblo
manejable y al que puedes engañar para llevarlo por donde tú quieras.
Actualmente tenemos en nuestras manos la posibilidad de hacer un cambio, la
posibilidad de obtener una educación y de pensar por nosotros mismos, y eso los
gobiernos no lo pueden permitir, no pueden perder su preciado control. No
pueden permitir que el pueblo se dé cuenta de cuando hacen alguna injusticia. Así
que su solución es hacer un montón de ovejas que tengan preocupaciones muy
sencillas, incluso absurdas, y así poder manejarlas a su antojo. Pues el mayor
enemigo de los gobierno es un pueblo concienciado. Si realmente quisieran un
pueblo culto, ¿creéis que un libro costaría más que una botella de ron? ¿O que
habría tantos programas en la televisión que son verdadera basura y que lo
único que muestran es como debes ser para ser “aceptado”? No, si de verdad les
importara nuestro bienestar, ahora mismo no habría ideales que, a corto o a
largo plazo, terminaran matando nuestras neuronas, habría ideales sanos y que
nos formaran más como personas. Puedo entender que la sociedad o los gobiernos
quieran eso, lo que no puedo comprender es que lo aceptemos de tan buena gana.
viernes, 7 de febrero de 2014
Por la ecología (2ª parte)
Quería aprovechar esta entrada para anunciar que vuelvo al
trabajo y que intentaré mantener actualizado el blog como antes; de nuevo, os
pido disculpas por la pequeña baja que me he tomado, y os doy, como siempre,
las gracias por estar a nuestro lado.
En su última entrada, mi colega Víctor hizo un llamamiento a
la humanidad que pueda quedar en nosotros para intentar hacernos recordar que
venimos de la Tierra, y la Tierra vamos; es solamente lógico que intentemos
cuidar de ella. Como de costumbre, quiero pararme a analizar la situación de
España. Somos el país Europeo con más índice de luz y radiación solar, tenemos
altos niveles de viento (especialmente estos días), al ser una península, por
si queda alguna duda, estamos rodeados de mar (es decir, energía mareomotriz);
¿nadie se da cuenta de que podríamos ser completamente autosuficientes?
Naturalmente, soy consciente de que existen varios problemas/inconvenientes
(impacto paisajístico, desorientación de aves por la influencia de los aerogeneradores, imposibilidad de almacenar la energía que éstos últimos
producen, etc.), pero con los conocimientos de nuestros ingenieros de hoy en
día, todos ellos podrían ser reducidos a su mínimo impacto; en cambio, hay un
impedimento que ni siguiera el más poderoso de todos los soles puede sortear:
Don Dinero.
Transformar el país en autosuficiente, energéticamente
hablando, supondría un altísimo gasto para la población (que, no obstante, se
vería retribuido a largo plazo), pero también una gran cantidad de empleo para
productores, instaladores, personal de mantenimiento e inspectores; sin
embargo, todos somos conscientes de lo que la autosuficiencia implica: el
cierre de las industrias energéticas no renovables. Y eso, como bien sabemos, no le
interesa a Don Dinero. El comercio del petróleo es una de las fuentes de mayor
conflicto del mundo; tanto éste como el carbón se están agotando, problema para
el cual se desarrolló la energía nuclear, causante de las peores catástrofes
concebibles, con suerte sólo en caso de accidente. Las
energías no renovables dan dinero, mucho; y ya sabemos que el dinero mueve al mundo. Pero ciñéndome al tema, estas energías se agotarán tarde o temprano; y con ellas, empezará una terrible guerra por la última gota de petróleo.
En esta entrada, que ideé hace ya
algunas semanas, iba a decir que no nos pueden cobrar por el Sol, pero, al parecer,
el Ministerio de Industria, Energía y Turismo se me ha adelantado y ha decidido
que sí pueden; en el siguiente link
podéis leer un artículo acerca del tema. Asimismo, se ha decidido reducir a un
tercio las subvenciones a las plantas eólicas (artículo al respecto en este link), con lo que el futuro de nuestra (o quizá sólo mí) idea de
autosuficiencia parece estar muy, muy negro. ¿Cómo pueden cobrar por el Sol? ¿Significa eso que HAY una
vía a las energías renovables sin que las pérdidas económicas capitalistas sean
masivas y, por lo tanto, insostenibles?
Es una situación precaria la que
estamos viviendo, y no podemos pedirle peras al olmo; en otras palabras, no hay
dinero para investigación, ni para que andemos gastando millonadas en energías
verdes; sin embargo, tenemos que ir mirando hacia ellas, necesitamos empezar a cambiar nuestras fuentes de energía, o de lo
contrario, como dijo Víctor en la anterior entrada, el futuro de la humanidad
no será mejor que el de la Tierra. Si se me permite el chiste malo, para distender un poco la situación con un toque ácido, no tenemos alternativa: renovarse o morir.
jueves, 6 de febrero de 2014
Por la ecología
La ecología es un
concepto de diferente significado para cada individuo. Para unos es algo de
suma importancia, mientras que otros no ven necesidad ni utilidad en ella. No
es mi intención enumerar en un emotivo discurso naturalista las ya mil veces oídas
consecuencias que acarrea la indiferencia ante el medio ambiente, sino sencillamente
explicar los verdaderos motivos que deberían movernos a ser respetuosos con él.
Todo empieza dándonos
cuenta de que desde que el hombre es hombre, se ha separado de la naturaleza y
ésta parecer ir siempre en dirección contraria a sus intereses. Donde haya una
concentración humana, hay una ciudad, y donde haya una ciudad, apártense fauna,
flora, atmósfera. No se trata de criticar la típica imagen de ciudad gris moderna
infestada de chimeneas apestosas; en la Edad Media se contaminaba incluso más
que hoy. Se trata de hacer ver que el ser humano es una especie de parásito que
vive a costa de su entorno, usando sus recursos para su propia subsistencia.
Esto tampoco es una crítica, pues absolutamente TODOS los seres vivos subsisten
unos a costa de otros y los parásitos no son poco frecuentes. Pero en la
naturaleza “salvaje”, todo guarda un perfecto equilibrio gracias a que dichos
parásitos son a su vez víctimas de otros seres. Y cuando, por los motivos que
sean, este equilibrio se rompe, se produce una plaga, un crecimiento
incontrolado de una especie que sofoca las demás.
Podríamos comparar
perfectamente al hombre con una plaga, ya que al ser el animal más evolucionado
se ha colocado por encima de la cadena alimenticia y carece de depredador
natural. Su crecimiento es, por tanto, incontrolable. De hecho, al haber “escapado”
de los ciclos naturales, el ser humano tiene ahora el control sobre su propia
especie y todas las demás. En resumen: la naturaleza ya no tiene poder sobre
nosotros, pero nosotros sí tenemos poder sobre ella. Tenemos poder para
destruirla, y grandes probabilidades de hacerlo ya que nuestro “alimento” es ella.
Pero a pesar de todo esto, seguimos siendo dependientes de ella: necesitamos
agua, alimentos, aire… y sobre todo energía. Todo es una cuestión de
sostenibilidad. Si acabamos con la vida natural, estamos acabando con nuestros
propios medios de subsistencia. Es por tanto nuestro propio interés ser
sostenibles. Las plagas naturales desaparecen cuando ya no queda nada más que
devastar y mueren de hambre. Y ese es el final que nos espera si seguimos por el
camino que ha estado recorriendo la humanidad.
Esto es una visión muy
egoísta, pero es por desgracia el único motivo que acabará por hacernos cambiar.
El respeto por las especies, por la diversidad, por la vida… es algo que se
está perdiendo y que, en cualquier caso, no hará a ningún gobierno cambiar de
idea si va en contra de sus intereses. Es fácil creerse una especie superior,
especial, por el hecho de ser más inteligentes y poseer una conciencia, pero lo
cierto es que lo que tenemos de “especial” no es nuestra inteligencia, que sólo
es un desarrollo evolutivo, sino LA VIDA, y eso es algo que compartimos hasta
con las hormigas que tan indiferentemente pisamos. Ahora mismo quizá haya
alguien pensando en la frase “el mundo estaría mejor sin nosotros”. No se puede
negar la veracidad de esto, pero tampoco por ello dejamos de tener derecho a
nuestra existencia en la Tierra. Lo que debemos lograr es sellar un pacto entre
naturaleza y hombre, pensando en el beneficio de ambos, para que podamos coexistir
en paz.
Por desgracia, el cumplimiento
de un pacto así requiere, además de una gran mentalización de todos los
ciudadanos que participamos en él, la inversión de grandes sumas por parte de
los gobiernos para la instauración y supervisión de medidas ecológicas. El
problema es que pocos están dispuestos a invertir en formas de energía que son
notablemente más caras, sobre todo cuando al final el beneficio no inmediato,
ni siquiera es tangible, ni siquiera es para nosotros. A raíz de esto podría
abrirse una nueva y extensa reflexión, acerca de la cual pronto habrá otra
entrada en HyH.
-Víctor Ardelean
martes, 4 de febrero de 2014
Nuevo colaborador
A pesar de estar en stand-by durante una temporada, como ya comuniqué en mi entrada anterior, hoy vengo a presentaros a Ignacio Ortiz, un nuevo colaborador de Humana y Humanista; esperemos que os guste su aportación, con la que aquí se presenta:
Escapar de la caverna
Escapar de la caverna
Seguramente hayáis oído hablar del mito platónico de la
caverna. En éste, unos prisioneros se encuentran encadenados al fondo de una
caverna, mientras fuera suceden las cosas reales que proyectan sombras sobre el
fondo de esta. Las sombras y los ecos son lo único que perciben los
prisioneros, y por tanto, es lo que ellos tienen por real. Este mito expone la
idea de la dualidad de mundos de Platón: un mundo sensible (las sombras) y un mundo
inteligible (en el mito, el mundo real) en el que están las ideas, a las que
debemos llegar.
Según Platón, para alcanzar la felicidad hay que llegar al
mundo inteligible, alcanzar las ideas, salir de la caverna. Una interpretación
del mito es pensar que las cadenas son la ignorancia y la indiferencia, que nos
impiden alcanzar el conocimiento de la verdad.
El hombre está encadenado en la caverna, y ha de encontrar
la forma de salir. Sin embargo, este es un trabajo arduo, pues es muy cómodo
vivir en la ignorancia, y muchos prefieren quedarse mirando a las sombras. Les
da miedo, miedo de descubrir la realidad y descubrir que su vida ha sido una
mentira. Están demasiado calentitos en la caverna, y no se dan cuenta de que la
verdad es lo que hace realmente libre al hombre, pues el que no la conoce, camina
a ciegas.
Hay también gente que, buscando la salida de la caverna, se
equivoca de camino y termina en otra cueva, de la cual salir es más difícil aún.
Las sombras y el eco nos fascinan. Su movimiento y forma
cambiantes. Pero, ¿Cuánto más fascinante será lo que proyecta dicha sombra? En
las sombras percibimos que falta algo, que no nos llenan, que son imperfectas.
Es por esto por lo que debemos buscar la verdad, y para ello
debemos liberarnos de cadenas: de presunciones, de prejuicios. Tener una mentalidad
abierta e ilustrarnos, leer, escuchar, buscar… Siempre con un espíritu crítico
(lo que no significa criticar), incluso con las propias ideas. Os invito a una
cosa: a cuestionaros vuestras propias ideas de vez en cuando. Es la única
manera de saber si estáis en el camino correcto para salir de la caverna.
Planteároslo, consultadlo. La ignorancia es un gigante que nunca deja de
luchar, no nos contentemos con las sombras, porque hay algo más allá, más
completo, e incluso más verdadero que las sombras que percibimos. Y recordad:
La verdad os hará libres, y solo libres llegaréis a la felicidad.
-Ignacio Ortiz
viernes, 31 de enero de 2014
Nota de aviso
Por motivos personales, el blog permanecerá en stand-by indefinidamente.
Os pido disculpas de corazón.
Atte:
-Carmen.
Os pido disculpas de corazón.
Atte:
-Carmen.
viernes, 24 de enero de 2014
Contra el bullying
Los que hayáis estado siguiendo HyH un tiempo recordaréis que ya hice una entrada con este título, en la que promocioné el blog de Rise From The Ground, cuya autora (adolescente canaria) realiza un óptimo trabajo para prevenir y tratar esta terrible situación que cada vez se extiende más no sólo por nuestro país, sino por todo el mundo. Esta vez, sin embargo, la entrada será referida desde mi punto de vista.
"Es sólo un juego de niños": el pretexto más argüido y más cobarde para mirar hacia otro lado. ¿Cómo es posible que en cualquier momento parezca un juego de niños, me pregunto, indignada? Oh, es cierto, la visión más llamativa es la de las risas. Carcajadas, mofas, burlas y ataques hacia una persona que no ha hecho nada por merecerlos. No es un juego de niños. O, si lo es, considero preciso dejar claro lo crueles que son. En un juego todos se divierten; en el acoso escolar, no. Una palabra fuera de lugar, una acción equivocada sin ánimo de ofensa, un físico fuera del canon, es motivo suficiente, o mejor dicho excusa, para que se desate la impiedad de los inocentes escolares (por favor, nótese el sarcasmo); y con este primer "error", se acumulan miles de burlas e insultos, incluso agresiones físicas, a las que, por desgracia, demasiados adultos dan la espalda. El bullying no se acaba con la edad; en muchos casos, empeora. Puede parecer una exageración, pero desde la propia experiencia, puedo asegurar que no lo es.
El bullying destroza vidas, total, completa y literalmente. Los niños crecen en el seno del miedo, de la angustia y de la falta de autoestima; ser un adolescente ya es suficientemente complicado como para que alguien se meta contigo. Todos estos miedos, estas constantes ganas de llorar y demás sentimientos, demasiado dolorosos como para enumerarlos uno por uno, derivan en personas vacías, muertas por dentro, constantemente fingiendo y ocultando su verdadera personalidad o sentimientos. En el peor de los casos, y no tan poco común como muchos creen, lleva al suicidio. Quiero pediros, lectores, que sólo por un momento os pongáis en la piel de ese adolescente, ese chico o esa chica a la que han golpeado, apaleado y maltratado (física o verbalmente) durante AÑOS, hasta destruirles por completo; imaginaos lo que es empezar a creerte los insultos, a pensar que la culpa es tuya, a odiarte a ti mismo por no ser capaz de ser como todos. ¿Podéis haceros una idea? Ahora id un poco más allá: imaginaos cuán profundo y sangrante puede ser el dolor para hacerte desear morir.
No diré nada más al respecto. Salvo que no es un juego de niños.
"Es sólo un juego de niños": el pretexto más argüido y más cobarde para mirar hacia otro lado. ¿Cómo es posible que en cualquier momento parezca un juego de niños, me pregunto, indignada? Oh, es cierto, la visión más llamativa es la de las risas. Carcajadas, mofas, burlas y ataques hacia una persona que no ha hecho nada por merecerlos. No es un juego de niños. O, si lo es, considero preciso dejar claro lo crueles que son. En un juego todos se divierten; en el acoso escolar, no. Una palabra fuera de lugar, una acción equivocada sin ánimo de ofensa, un físico fuera del canon, es motivo suficiente, o mejor dicho excusa, para que se desate la impiedad de los inocentes escolares (por favor, nótese el sarcasmo); y con este primer "error", se acumulan miles de burlas e insultos, incluso agresiones físicas, a las que, por desgracia, demasiados adultos dan la espalda. El bullying no se acaba con la edad; en muchos casos, empeora. Puede parecer una exageración, pero desde la propia experiencia, puedo asegurar que no lo es.
El bullying destroza vidas, total, completa y literalmente. Los niños crecen en el seno del miedo, de la angustia y de la falta de autoestima; ser un adolescente ya es suficientemente complicado como para que alguien se meta contigo. Todos estos miedos, estas constantes ganas de llorar y demás sentimientos, demasiado dolorosos como para enumerarlos uno por uno, derivan en personas vacías, muertas por dentro, constantemente fingiendo y ocultando su verdadera personalidad o sentimientos. En el peor de los casos, y no tan poco común como muchos creen, lleva al suicidio. Quiero pediros, lectores, que sólo por un momento os pongáis en la piel de ese adolescente, ese chico o esa chica a la que han golpeado, apaleado y maltratado (física o verbalmente) durante AÑOS, hasta destruirles por completo; imaginaos lo que es empezar a creerte los insultos, a pensar que la culpa es tuya, a odiarte a ti mismo por no ser capaz de ser como todos. ¿Podéis haceros una idea? Ahora id un poco más allá: imaginaos cuán profundo y sangrante puede ser el dolor para hacerte desear morir.
No diré nada más al respecto. Salvo que no es un juego de niños.
El vídeo adjuntado muestra una historia descorazonadora y advierto a los lectores sensibles de los posibles choques emocionales que pueda causar.
sábado, 18 de enero de 2014
Por la cultura
El "Humanista" que da nombre a este blog hace referencia al amor por la cultura; a esa maravillosa fascinación que ejercen sobre nosotros todo tipo de materias, desde la música hasta las ciencias, la física, la literatura, el arte del cine, la biología, la historia, la filosofía... Podría explicar por qué cada una de ellas despierta en mí un interés diferente en cada caso, por qué son necesarias, por qué son, sin más, por qué su importancia; no obstante, todo ello nos llevaría a una entrada demasiado larga incluso para los más ávidos lectores, así que voy a intentar esforzarme lo más que pueda para tratar de explicar por qué la cultura es, sencillamente, maravillosa... e imprescindible.
Para comenzar, pondré un ejemplo histórico; puede parecer irrelevante, pero es posible que si Adolf Hitler hubiera estudiado un poco de historia los últimos setenta años se habrían desarrollado de una manera muy diferente a cómo lo hizo, dado que la decisión del Führer de invadir Rusia le llevó a la misma derrota que sufrió el implacable Napoleón, un siglo atrás. Como ya he dicho, este ejemplo puede parecer irrelevante (dado que, naturalmente, el desarrollo del final de la guerra no dependió solamente de la derrota en Rusia), pero, en pequeña medida, demuestra lo que un poco de cultura puede hacer. Vivimos en un mundo que cada vez avanza más rápido; y dada nuestra naturaleza de preservar las cosas antiguas, nos encontramos con una ingente montaña de cultura y conocimientos que se remontan a la misma cuna del Hombre. Es sabido, también, que este Hombre del que hablo, es decir, la raza humana, siente una curiosidad innata por el mundo; ¿qué es esa esfera brillante que nos ilumina durante el día? ¿Por qué gira a nuestro alrededor? ¿Por qué caen los cuerpos al suelo? ¿Por qué crecen moscas en un tarro de carne dejado al aire libre? A 18 de enero de 2014, conocemos la respuesta a todas estas preguntas; no obstante, Copérnico, Newton y Redi, no. Y de no ser por la CURIOSIDAD que sentían ante estos aspectos tan simples para nosotros ahora, no hubiéramos llegado hasta donde estamos.
Sin embargo, cultura no significa sólo ciencia; cultura también es arte. Literatura; pocas palabras hay más bellas. Música, pintura, escultura, arquitectura, cine... Todas ellas son expresiones de arte, y deberíamos avergonzarnos, servidora incluida, de no pararnos a admirar todo lo que nos rodea. Como lógicamente no gozamos del tiempo suficiente para abarcarlo todo ello, podemos intentar coleccionar tanto como nos sea posible. Y es que, si nos paramos a pensarlo, nuestra vida es un poco aburrida; ¿qué mejor manera de escapar de ella un rato que siendo transportados a las historias de otros, a países, continentes, épocas y mundos lejanos... a través de un libro? Se dice que el lector no vive una sola vida, sino que recoge todas aquellas que leyó en libros; la literatura tiene el poder de cambiarnos, de hacernos reflexionar, de motivarnos a ser mejor personas o, simple y llanamente, de distraernos un rato. Vais a tener que disculpar la vena literaria de esta Humanista, pero debo defender aquello que más admiro: la magia todavía existe, y se encuentra en los libros. Y en la música, y en la pintura; y en todas las artes, en todas sus formas de expresión y forma.
Como podéis ver, la cultura mueve al mundo; hace avanzar a la ciencia, mejora nuestra vida, nos da las respuestas a preguntas que quizá nunca nos habíamos planteado, pero que, insospechadamente, necesitábamos saber. Mas su alcance no se queda ahí. Pues la cultura lo es absolutamente todo. Cultura es conocimiento, es comprensión, y, sobre todo, es humanidad. ¿Qué es la cultura? La primera acepción del diccionario de la Real Academia es que es el "Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico"; pero... ¿no nombramos con la misma palabra a las costumbres de un pueblo, su modo de vida y sus métodos? La cultura nos permite conocernos a nosotros mismos y a nuestros antepasados, pero lo que es más importante, nos permite conocer a nuestros congéneres; cristianos, judíos, musulmanes, ateos... Todos somos seres humanos; y muchas veces el desencadenante de un conflicto es la pura ignorancia. Sólo basta con sentir curiosidad, con preguntar, con preocuparse para poder solucionar un problema.
De todo esto deriva que necesitamos PREOCUPARNOS por la cultura, debemos querer APRENDER y DESCUBRIR cosas acerca del mundo que nos rodea... Son palabras realmente bellas, y aún más poderosas; si un libro te parece aburrido, no has encontrado el adecuado para ti; moléstate en seguir buscando, indaga y comprueba que, de hecho, "todos los libros te aburren". Puede que descubras que te equivocas. O quizá descubras alguna destreza que no conocías, o algún personaje que haga que tu corazón se pare, o que te entren ganas de viajar y conocer las formas de vida de otros pueblos, de otras regiones, de otras mentalidades... La cultura es una verdadera maravilla, y el "no sirve para nada" es infinitamente falso, en toda su extensión. No hay nada que no sirva para nada. Los escépticos no lo comprenderán hasta que, dentro de veinte, treinta, cuarenta años, se topen con "el pedante de la clase al que le gusta estudiar" en las noticias, por haber descubierto la cura para, quizá, el cáncer.
La cultura lo es todo.
Para comenzar, pondré un ejemplo histórico; puede parecer irrelevante, pero es posible que si Adolf Hitler hubiera estudiado un poco de historia los últimos setenta años se habrían desarrollado de una manera muy diferente a cómo lo hizo, dado que la decisión del Führer de invadir Rusia le llevó a la misma derrota que sufrió el implacable Napoleón, un siglo atrás. Como ya he dicho, este ejemplo puede parecer irrelevante (dado que, naturalmente, el desarrollo del final de la guerra no dependió solamente de la derrota en Rusia), pero, en pequeña medida, demuestra lo que un poco de cultura puede hacer. Vivimos en un mundo que cada vez avanza más rápido; y dada nuestra naturaleza de preservar las cosas antiguas, nos encontramos con una ingente montaña de cultura y conocimientos que se remontan a la misma cuna del Hombre. Es sabido, también, que este Hombre del que hablo, es decir, la raza humana, siente una curiosidad innata por el mundo; ¿qué es esa esfera brillante que nos ilumina durante el día? ¿Por qué gira a nuestro alrededor? ¿Por qué caen los cuerpos al suelo? ¿Por qué crecen moscas en un tarro de carne dejado al aire libre? A 18 de enero de 2014, conocemos la respuesta a todas estas preguntas; no obstante, Copérnico, Newton y Redi, no. Y de no ser por la CURIOSIDAD que sentían ante estos aspectos tan simples para nosotros ahora, no hubiéramos llegado hasta donde estamos.
Sin embargo, cultura no significa sólo ciencia; cultura también es arte. Literatura; pocas palabras hay más bellas. Música, pintura, escultura, arquitectura, cine... Todas ellas son expresiones de arte, y deberíamos avergonzarnos, servidora incluida, de no pararnos a admirar todo lo que nos rodea. Como lógicamente no gozamos del tiempo suficiente para abarcarlo todo ello, podemos intentar coleccionar tanto como nos sea posible. Y es que, si nos paramos a pensarlo, nuestra vida es un poco aburrida; ¿qué mejor manera de escapar de ella un rato que siendo transportados a las historias de otros, a países, continentes, épocas y mundos lejanos... a través de un libro? Se dice que el lector no vive una sola vida, sino que recoge todas aquellas que leyó en libros; la literatura tiene el poder de cambiarnos, de hacernos reflexionar, de motivarnos a ser mejor personas o, simple y llanamente, de distraernos un rato. Vais a tener que disculpar la vena literaria de esta Humanista, pero debo defender aquello que más admiro: la magia todavía existe, y se encuentra en los libros. Y en la música, y en la pintura; y en todas las artes, en todas sus formas de expresión y forma.
Como podéis ver, la cultura mueve al mundo; hace avanzar a la ciencia, mejora nuestra vida, nos da las respuestas a preguntas que quizá nunca nos habíamos planteado, pero que, insospechadamente, necesitábamos saber. Mas su alcance no se queda ahí. Pues la cultura lo es absolutamente todo. Cultura es conocimiento, es comprensión, y, sobre todo, es humanidad. ¿Qué es la cultura? La primera acepción del diccionario de la Real Academia es que es el "Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico"; pero... ¿no nombramos con la misma palabra a las costumbres de un pueblo, su modo de vida y sus métodos? La cultura nos permite conocernos a nosotros mismos y a nuestros antepasados, pero lo que es más importante, nos permite conocer a nuestros congéneres; cristianos, judíos, musulmanes, ateos... Todos somos seres humanos; y muchas veces el desencadenante de un conflicto es la pura ignorancia. Sólo basta con sentir curiosidad, con preguntar, con preocuparse para poder solucionar un problema.
De todo esto deriva que necesitamos PREOCUPARNOS por la cultura, debemos querer APRENDER y DESCUBRIR cosas acerca del mundo que nos rodea... Son palabras realmente bellas, y aún más poderosas; si un libro te parece aburrido, no has encontrado el adecuado para ti; moléstate en seguir buscando, indaga y comprueba que, de hecho, "todos los libros te aburren". Puede que descubras que te equivocas. O quizá descubras alguna destreza que no conocías, o algún personaje que haga que tu corazón se pare, o que te entren ganas de viajar y conocer las formas de vida de otros pueblos, de otras regiones, de otras mentalidades... La cultura es una verdadera maravilla, y el "no sirve para nada" es infinitamente falso, en toda su extensión. No hay nada que no sirva para nada. Los escépticos no lo comprenderán hasta que, dentro de veinte, treinta, cuarenta años, se topen con "el pedante de la clase al que le gusta estudiar" en las noticias, por haber descubierto la cura para, quizá, el cáncer.
La cultura lo es todo.
miércoles, 1 de enero de 2014
Por una economía justa
Capitalismo o socialismo, parece que hoy en día solo existe el blanco o el negro, derecha o izquierda. Y en una película así no existe un “bando de los buenos”. Tal y como dice nuestro admirado Aristóteles, la virtud está en el centro que hay entre dos extremos equivocados; aunque los de cada lado crean que su fórmula es perfecta para la sociedad mientras que la contraria a la suya es completamente errónea, lo cierto es que ninguno de ambos bandos es mejor que el otro. Veamos las razones con detenimiento.
Cuando hablamos del capitalismo, nos referimos a un sistema económico en el que cada ciudadano tiene libertad total para invertir y aumentar sus bienes y fortuna de forma privada, creando así un mercado de consumo al que cada individuo (empresa) aporta sus productos; cuanto más solicitados estén, más estará dispuesta a pagar la gente. De este modo, todo depende de la relación oferta-demanda y el éxito depende de saber establecer el precio más alto posible siempre y cuando no deje de atraer clientes y por tanto de ser rentable. La otra cara de la moneda, sin embargo, está en la división por clases que esto conlleva: al encontrarse los precios siempre en el límite alto que la mayoría (la clase media) puede pagar, es inevitable que quede una parte que no pueda permitírselos y tenga que resignarse a una peor calidad o renunciar a ellos. De la misma manera, aquellos que son suficientemente ricos destacan sobre la clase media, pues lógicamente pueden permitirse precios más altos, más calidad y más cantidad. Un interesante y terrible efecto del capitalismo es cómo la riqueza genera riqueza, es decir, que los ricos se vuelven inevitablemente más ricos, mientras que los pobres tienden a empobrecerse más.
Contra estas injusticias nació el socialismo (marxiano) cuyo fin es mantener a todas las personas al mismo nivel social y económico. Para ello es necesario un control total del Estado sobre la economía, es decir, que la economía deje de ser libre y el dinero no fluya sólo. Los sueldos y los precios están obligados a ser iguales para todos, de modo que cada uno tenga el mismo poder adquisitivo. Sin embargo, esto provoca de nuevo una gran injusticia, pues uno no recibe lo que se merece por su trabajo, para bien o para mal. Como por mucho que trabajes y te esfuerces tu sueldo no puede subir, al final es inevitable que todos acaben en la dejadez y la falta de entusiasmo, lo que provoca una economía torpe e ineficaz. Además, en el afán de igualar económicamente a todos los ciudadanos, el gobierno arrebata las riquezas que “le sobran” a los más ricos, riquezas que son merecida y legítimamente suyas. Y, me repito, al tener un mínimo asegurado, los más pobres acaban dejando de preocuparse por buscarse la vida y, por pobres que sean, reciben un dinero que quizá no se merezcan.
Conociendo pues, ambas formas de economía, ¿cómo posicionarse en una de las dos, si ambas son realmente injustas? Podemos partir de la base que, de acuerdo con los derechos humanos (y las revoluciones del siglo XIX), la libertad debe ser respetada ante todo. En términos económicos, si te has esforzado y has trabajado por algo, nadie tiene derecho a quitártelo (me refiero a la política socialista). Pero al mismo tiempo, el ser humano es por instinto codicioso, desea siempre tener más, y sobre todo más que los demás. Si tenemos libertad, vía libre, para intentar conseguir nuestra riqueza, lo más seguro es que el dinero se convierta en el centro de nuestra vida y acabemos viviendo por y para él, lo que lleva al consumismo (pronto habrá una entrada en HyH sobre ese tema) y nos aleja irremediablemente de la felicidad. Son muchos los que escogen carreras que no cumplen con sus intereses solo por el dinero que vaya a aportarles su trabajo, sin pararse a pensar que trabajar toda la vida en algo que no les gusta no puede hacerles felices. La explicación de por qué el dinero no da la felicidad es sencilla: cuando creemos que seremos más felices siendo ricos, esa felicidad no es exactamente como nos la imaginamos. Se es feliz cuando se CONSIGUE más dinero, no cuando se tiene. Una vez se posee una cantidad, da igual lo alta que sea, necesitamos más, y así sucesivamente, sin llegar nunca a una satisfacción plena. El resultado: una carrera permanente, codo contra codo, en la que tienes que derribar y zafarte de los demás para poder llegar más lejos.
Con una mentalidad así, que por desgracia es la que se está desarrollando cada vez más, es inevitable que la sociedad se vaya volviendo cada vez más hostil, más egoísta, más avara y en definitiva menos feliz. La ética ha desaparecido completamente, la gran crisis actual es el apogeo que lo demuestra; el mundo se ha convertido en una jungla en la que o hundes a cientos o una jauría te hunde a ti. ¿Dónde queda la humanidad en todo esto? ¿Dónde queda el pararse a pensar que tú podrías ser aquel a quien pisoteas, y la compasión hacia él?
Si deseamos la libertad económica, pero también queremos mantener una sociedad armoniosa y unida, debemos aprender a usar la libertad responsablemente y a respetar las personas antes que el dinero; tener claro en todo momento que nuestra intención debe ser colaborar y ayudarnos entre todos. Esto puede sonar a los ideales socialistas, pero es irrefutable que en el egoísmo no está el camino hacia la felicidad. Y, por último, la gran diferencia es que el socialismo OBLIGA a actuar así; nunca se puede ser feliz por algo impuesto por la fuerza. La empatía hacia el prójimo debería salir de nosotros mismos, y eso es algo que solo puede lograrse con un gran fomento de la educación y la ética. La educación, nuestra proveedora de seres humanos, el motor de la sociedad, nuestra esperanza y sin embargo nuestra gran carencia… de ella depende el cambio que debe haber en la humanidad y su mentalidad.
-Víctor Ardelean
martes, 31 de diciembre de 2013
El umbral del año
Nos encontramos a las puertas del comienzo de un nuevo año.
Dondequiera que miremos, vemos los preparativos de las fiestas que bullirán esta
noche, luces, decoraciones, comida… Es irrefutablemente una ocasión digna de
festejar por todo lo alto, pero quizá podamos pararnos unos minutos a pensar qué
se esconde detrás de todo este ruido y música.
Un año muere, a la vez que uno nuevo ve la luz. El ciclo
comienza otra vez, sin querer eso decir que todos lo años sean iguales. No, cada
año es único, y las cosas que suceden durante ellos no volverán a pasar. Por
eso, no debemos permitir que los años pasen a través de nosotros indiferentemente. Echemos un vistazo atrás para observar todo lo que hemos vivido en el último año, y quizá
lleguemos a sentirnos agradecidos por todos los buenos recuerdos que podamos atesorar de estos últimos doce meses. Esto tampoco quiere decir que debamos rechazar las malas experiencias; no, en absoluto, si no las recordáramos ni las
tuviesemos presentes, la felicidad no podría llenarnos de la misma manera. No
permitamos que los años, los recuerdos y la vida caigan en el olvido. Al fin y al
cabo, un año muere, y lo respetamos acordándonos de él como haríamos con un
amigo.
Ahora, si hemos sido capaces de despedir el año pasado como se merece,
también podemos mirar hacia delante y darle la bienvenida a esta nueva
etapa, que tan próxima está ya. Es costumbre para muchas personas hacerse
promesas a sí mismas que cumplir durante ella. Objetivos, metas que le hagan a
uno mejor persona y, en realidad, más feliz. Si hay un momento
especial para comenzar un proyecto, hacer realidad un sueño o enfrentarse a
aquello que más odiamos de nosotros, es este. Pensemos en cómo hacer desaparecer los
momentos oscuros del pasado, y luchemos por sacar el máximo partido del año que
entra. En definitiva, el comienzo de un año siempre será algo especial, algo
que da que pensar y que no debe reducirse a un simple festejo más.
Pero, por último, más importante que todo este “balance de
lo bueno y malo”, es recordar que toda esta ilusión y promesas no deberían
quedarse en un efímero día. Cada uno de los días del año, al despertar,
acordémonos de cómo nos sentíamos al comienzo del año, ese deseo de volver las cosas
un poquito mejor, y asegurémonos de que se cumpla, luchando por ello día a día. Es
demasiado fácil acostumbrarse a la rutina, y rutina significa precisamente
monotonía, sin que ningún día sea especial. Que no sea así. Que cada día sea un
Año Nuevo. Que nuestras promesas se mantengan siempre vivas. Si algo se puede desear
más que nada para empezar un año, es no acostumbrarse nunca a la belleza del
mundo, no perder la capacidad de asombrarse con los pequeños detalles, hacer de
la vida algo especial y único que merezca la pena. Algo a lo que deseemos fervientemente aferrarnos.
¡Feliz Año Nuevo 2014!
-Víctor Ardelean
¡Felices Fiestas a todos!
Queridos lectores de Humana y Humanista:
Como primero, daros las gracias a todos los que os habéis tomado la molestia de leernos a Víctor y a mí (aunque sólo de momento; el nuevo año traerá nuevos colaboradores), así como a los que nos habéis ayudado a difundir nuestra empresa, ya sea de palabra o a través de las redes sociales: mil gracias de corazón.
A continuación, debo pediros disculpas por no haber actualizado el blog estos últimos días; el invierno no perdona, y una servidora fue derribada por las anginas, lo que lamentablemente me imposibilitó escribir nuevos artículos. No obstante, ya me encuentro bien, por lo que acabaremos el año con fuerza, con una fantástica entrada de manos de Víctor (que publicaré a continuación) y otras contribuciones mías que iré escribiendo a lo largo de la tarde.
Una vez dicho esto, nuestro último mensaje es, de nuevo, de agradecimiento por acompañarnos, y así, desde Humana y Humanista queremos desearos unas felices fiestas (entono un mea culpa por llegar tarde para felicitar la Navidad) y un muy próspero año nuevo. Este es un día para reflexionar, para hacer balance, y, sobre todo, para proponer cambios; os animo a todos a querer cambiar, siempre para bien, a ayudar, a dar lo mejor de vosotros y, sobre todo, a ser felices.
Cordialmente,
HyH.
Como primero, daros las gracias a todos los que os habéis tomado la molestia de leernos a Víctor y a mí (aunque sólo de momento; el nuevo año traerá nuevos colaboradores), así como a los que nos habéis ayudado a difundir nuestra empresa, ya sea de palabra o a través de las redes sociales: mil gracias de corazón.
A continuación, debo pediros disculpas por no haber actualizado el blog estos últimos días; el invierno no perdona, y una servidora fue derribada por las anginas, lo que lamentablemente me imposibilitó escribir nuevos artículos. No obstante, ya me encuentro bien, por lo que acabaremos el año con fuerza, con una fantástica entrada de manos de Víctor (que publicaré a continuación) y otras contribuciones mías que iré escribiendo a lo largo de la tarde.
Una vez dicho esto, nuestro último mensaje es, de nuevo, de agradecimiento por acompañarnos, y así, desde Humana y Humanista queremos desearos unas felices fiestas (entono un mea culpa por llegar tarde para felicitar la Navidad) y un muy próspero año nuevo. Este es un día para reflexionar, para hacer balance, y, sobre todo, para proponer cambios; os animo a todos a querer cambiar, siempre para bien, a ayudar, a dar lo mejor de vosotros y, sobre todo, a ser felices.
Cordialmente,
HyH.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Por el respeto hacia los docentes
Siguiendo el hilo de mi última entrada, quiero denunciar la pérdida de uno de los valores más importantes de la sociedad: el respeto. Puede que este sea el valor concreto más importante de toda nuestra sociedad, y me complace proceder a explicar por qué, con ello confiando en que pueda hacer mella en alguno de mis lectores. La primera definición de dicha palabra en la RAE es "veneración, acatamiento que se hace a alguien"; sin embargo, dada la pérdida de valores ético-cívicos y morales de los últimos cincuenta años, me atrevo a decir que esta definición ya no se ajusta a la realidad que entendemos muchos por "respeto" hacia los demás.
Me centraré principalmente en el respeto hacia la figura que debería ser, en efecto, venerada por toda la sociedad: el profesor. ¿Por qué tenemos que respetar a nuestros profesores? Para escribir este artículo, yo misma he tenido que pensar con detenimiento la respuesta; para mí es algo natural, casi obligatorio, y me avergonzaría de mí misma si faltara al respeto a uno de mis docentes. Esto es, naturalmente, porque me lo han enseñado en casa (como bien digo en mi anterior entrada) desde pequeña, aunque ahora la sencillez y simpleza del asunto me está dando un curioso quebradero de cabeza; he llegado a la conclusión de que, en efecto, las razones son muy simples. Mis padres me han enseñado el valor de la cultura, la importancia de adquirir conocimientos, tanto para el futuro como para el presente, y poca gente hay a parte de nuestros profesores que estén cualificados/dispuestos a hacer dicha tarea. En este caso, respeto significa valorar lo mucho que estas personas hacen por nosotros, otorgándonos, nada más y nada menos, conocimiento. Es preciso respetar a nuestros profesores porque ellos nos están dando de comer, figuradamente; aquel que nos enseña a pensar, nos enseña a ser, y a falta de academias platónicas o escuelas pitagóricas en las que poder empaparnos de la oh, gran cultura griega, no nos queda otra que hacer caso al pobre panoli de la bata blanca que tiene que aguantar a un grupo de adolescentes que no podrían tener menos interés en lo que está diciendo.
¿He conseguido hacer palpable la injusticia de esta situación? A pesar de que nuestros profesores nos dan todo lo que tienen, es decir, sus propios conocimientos, para que nosotros podamos llegar aún más lejos de lo que han llegado ellos, hoy en día es tal la desfachatez de algunos alumnos que ni siquiera son capaces de agradecérselo mostrando un mínimo de respeto. Es cierto que hay profesores que, por desgracia, no se comportan como quizá deberían, y asimismo faltan al respeto a sus alumnos; una chica que conozco me dijo una vez: "No voy a respetar a (inserte aquí el nombre de la profesora a la que se refería, cuya identidad, naturalmente, no voy a desvelar) si ella no me respeta a mí". Esta extrapolación del "ojo por ojo" hammurabi es, lamentablemente, incorrecta, por la sencilla razón de que un profesor, en su posición de profesor, está por encima de ti, alumno, en tu posición de alumno (con esto quiero hacer presente que me refiero al ámbito escolar, que no fuera de él, pues ése es otro tema). De esto deriva que, por desgracia, el mundo no es justo, y aunque haya profesores que sean injustos con nosotros, es nuestra obligación como alumnos, como ovejas del rebaño que pastorean, respetar la labor que para bien o para mal llevan a cabo. Ello no quiere decir que tengamos que admirar a todos y cada uno de ellos, ni mucho menos; que cada uno haga y diga lo que quiera en privado, pero es imperativo que mostremos el debido respeto al menos ante los sujetos a tratar.
Esto puede parecer hipocresía (fingir respeto por el profesor que luego vas a poner a parir en el recreo), pero de hecho no lo es. Y es que el respeto actual (al menos tal y como yo lo veo) no se basa en una concepción ética, sino en un comportamiento moral; es decir, no necesitamos SENTIR respeto por nuestros profesores, mayores y demás figuras de poder (ya que se supone que están por encima de nosotros porque lo merecen... aunque ciertamente es muy discutible), aunque desde luego deberíamos, pero, al menos, MOSTRARLO. Esto puede extrapolarse también a la "seguridad" del anonimato del que disfrutamos en Internet, que prácticamente nos incita a decir lo que nos dé la gana, con ello pasándonos el respeto por la suela del zapato; quiero remitirme a un fantástico "tuit" que leí hace tiempo que decía "Respétame, hijo de puta" (pido disculpas si alguien se siente ofendido por el lenguaje, pero lo considero especialmente representativo). La ironía del mensaje es clara: exigimos respeto sin darlo, y lamentablemente este juego no funciona así.
Las opiniones, los comportamientos, las personas... No todas son respetables, cierto es. Por ello tenemos que aprender a distinguir cuándo estamos en nuestro derecho de rebatir y reprender una actitud y cuándo es, no obstante, nuestra obligación la de agachar la cabeza y resignarnos a asentir, por mucho que disciernan nuestras opiniones al respecto del tema; no por sumisión, sino por respeto.
Me centraré principalmente en el respeto hacia la figura que debería ser, en efecto, venerada por toda la sociedad: el profesor. ¿Por qué tenemos que respetar a nuestros profesores? Para escribir este artículo, yo misma he tenido que pensar con detenimiento la respuesta; para mí es algo natural, casi obligatorio, y me avergonzaría de mí misma si faltara al respeto a uno de mis docentes. Esto es, naturalmente, porque me lo han enseñado en casa (como bien digo en mi anterior entrada) desde pequeña, aunque ahora la sencillez y simpleza del asunto me está dando un curioso quebradero de cabeza; he llegado a la conclusión de que, en efecto, las razones son muy simples. Mis padres me han enseñado el valor de la cultura, la importancia de adquirir conocimientos, tanto para el futuro como para el presente, y poca gente hay a parte de nuestros profesores que estén cualificados/dispuestos a hacer dicha tarea. En este caso, respeto significa valorar lo mucho que estas personas hacen por nosotros, otorgándonos, nada más y nada menos, conocimiento. Es preciso respetar a nuestros profesores porque ellos nos están dando de comer, figuradamente; aquel que nos enseña a pensar, nos enseña a ser, y a falta de academias platónicas o escuelas pitagóricas en las que poder empaparnos de la oh, gran cultura griega, no nos queda otra que hacer caso al pobre panoli de la bata blanca que tiene que aguantar a un grupo de adolescentes que no podrían tener menos interés en lo que está diciendo.
¿He conseguido hacer palpable la injusticia de esta situación? A pesar de que nuestros profesores nos dan todo lo que tienen, es decir, sus propios conocimientos, para que nosotros podamos llegar aún más lejos de lo que han llegado ellos, hoy en día es tal la desfachatez de algunos alumnos que ni siquiera son capaces de agradecérselo mostrando un mínimo de respeto. Es cierto que hay profesores que, por desgracia, no se comportan como quizá deberían, y asimismo faltan al respeto a sus alumnos; una chica que conozco me dijo una vez: "No voy a respetar a (inserte aquí el nombre de la profesora a la que se refería, cuya identidad, naturalmente, no voy a desvelar) si ella no me respeta a mí". Esta extrapolación del "ojo por ojo" hammurabi es, lamentablemente, incorrecta, por la sencilla razón de que un profesor, en su posición de profesor, está por encima de ti, alumno, en tu posición de alumno (con esto quiero hacer presente que me refiero al ámbito escolar, que no fuera de él, pues ése es otro tema). De esto deriva que, por desgracia, el mundo no es justo, y aunque haya profesores que sean injustos con nosotros, es nuestra obligación como alumnos, como ovejas del rebaño que pastorean, respetar la labor que para bien o para mal llevan a cabo. Ello no quiere decir que tengamos que admirar a todos y cada uno de ellos, ni mucho menos; que cada uno haga y diga lo que quiera en privado, pero es imperativo que mostremos el debido respeto al menos ante los sujetos a tratar.
Esto puede parecer hipocresía (fingir respeto por el profesor que luego vas a poner a parir en el recreo), pero de hecho no lo es. Y es que el respeto actual (al menos tal y como yo lo veo) no se basa en una concepción ética, sino en un comportamiento moral; es decir, no necesitamos SENTIR respeto por nuestros profesores, mayores y demás figuras de poder (ya que se supone que están por encima de nosotros porque lo merecen... aunque ciertamente es muy discutible), aunque desde luego deberíamos, pero, al menos, MOSTRARLO. Esto puede extrapolarse también a la "seguridad" del anonimato del que disfrutamos en Internet, que prácticamente nos incita a decir lo que nos dé la gana, con ello pasándonos el respeto por la suela del zapato; quiero remitirme a un fantástico "tuit" que leí hace tiempo que decía "Respétame, hijo de puta" (pido disculpas si alguien se siente ofendido por el lenguaje, pero lo considero especialmente representativo). La ironía del mensaje es clara: exigimos respeto sin darlo, y lamentablemente este juego no funciona así.
Las opiniones, los comportamientos, las personas... No todas son respetables, cierto es. Por ello tenemos que aprender a distinguir cuándo estamos en nuestro derecho de rebatir y reprender una actitud y cuándo es, no obstante, nuestra obligación la de agachar la cabeza y resignarnos a asentir, por mucho que disciernan nuestras opiniones al respecto del tema; no por sumisión, sino por respeto.
Por la educación de casa
Como ya habréis deducido, para mí, la base de cualquier sociedad, de cualquier sistema y de cualquier forma libre de vida reside en la educación. Hay muchos tipos de educación, y ser educado no consiste en tener un título universitario, eso es más bien ser culto (¡ja! Otro tema que pienso atacar en mi próxima entrada; aquí no se salva ni el apuntador). La educación propiamente dicha consiste en tener los valores éticos y morales para alcanzar a ser buenas personas, para saber comportarnos como ciudadanos respetables y para que, véase quién, nos respeten. Mi profesora de Lengua de Primaria siempre decía "prefiero que suspendáis el examen a que seáis unos maleducados" (le mando un saludo desde aquí, si algún día se topare por casualidad con HyH).
La educación viene de casa. "No hay más ná". ¿Qué persona se considera "educada"? En realidad es una cuestión de pequeños detalles que hoy en día, por desgracia, pasan altamente desapercibidos por la mayoría, pero que, como todos los detalles, marcan una gran diferencia. La educación reside en gestos tan simples como aguantarle la puerta a la persona que viene detrás de nosotros, ceder nuestro sitio en el autobús a los que lo necesitan, no tirar basura al suelo, pedir perdón y dar las gracias... Es sentido común para algunos, pero por desgracia, este sentido es el menos común de todos. La importancia de dirigirnos correctamente a los demás es, siguiendo esta línea de "detalles", vital para hacer funcionar nuestra sociedad; este aspecto va fuertemente ligado al respeto (tema que trataré con más profundidad más adelante), y es lamentable ver con qué desprecio y superioridad se dirige cierta gente a, por ejemplo, los camareros. Una persona que ha recibido una educación adecuada (me reitero para que no se os vaya de la mente: la educación viene de casa) sabe y no duda en comportarse con educación, valga la redundancia, pidiendo las cosas por favor, en buen tono y, sobre todo, sin hacer desprecios; ¿cuántas veces vemos actitudes de superioridad ante los empleados que nos asisten en el establecimiento que sea? Esto es absolutamente deplorable, vergonzoso.
La educación se está perdiendo. ¿Y cuál es la solución? En mi opinión, en vez de hacer tanto dibujo animado "educativo", que están atontando a los niños de una manera absurda (sí, también me voy a meter con ellos en otra entrada), lo que hay que hacer, y que se ha hecho "de toda la vida", es tirar de la vieja zapatilla y enseñar a los niños a comportarse debidamente; en caso de que alguien me haya malinterpretado y esté en vías de llamar al teléfono de malos tratos, no estoy hablando de usar la violencia para reprender a los niños. Soy, en efecto, de esas personas que piensan que "una bofetada a tiempo quita mucha tontería", pero no es ni mucho menos necesario pegar a los niños; la clave está en ENSEÑAR, en REPRENDER, en EDUCAR. Son directrices muy sencillas, y aunque pueda parecernos un mundo, la clave del éxito reside en la mismísima cabecera de Humana y Humanista: se enseña con el ejemplo. Los adultos cada vez están más ocupados y pasan menos tiempo con sus hijos, eso es cierto, y una realidad frente a la que poco se puede hacer, pero la impresión que se me presenta es que muchos progenitores usan esta situación como excusa para descuidar la educación de sus hijos. ¿Qué está pasando? ¿Estáis los adultos realmente tan ocupados como para no tener tiempo de castigar a vuestro hijo cuando se porta mal? ¿Tanto miedo tenéis de imponeros y dar una lección? No sé a vosotros, lectores, pero a mí me han inculcado ciertas cosas desde que era pequeña, y no me las han enseñado en el colegio. Aunque muchos no se lo crean, los profesores no están para educar a los niños; la tarea de un profesor es adoctrinar, enseñar conocimientos para formar personas culturalmente completas y competentes, no dar azotes.
Necesitamos enseñar a nuestros niños de ahora (que, como ya estáis hartos de oírme decir, son los adultos del mañana) a ser buenos conciudadanos, pues, por desgracia para muchos, no vivimos solos; y resulta que los niños poseen una cualidad fascinante que es la de la imitación. Nadie nace sabiendo. Por eso es imprescindible que enseñemos, que hagamos personas, y sobre todo que no releguemos nuestras tareas a otros (véase el colegio o los ya mencionados dibujos animados "educativos"); las responsabilidades que acarrea un hijo son muchas; yo diría que su educación es la más importante.
La educación viene de casa. "No hay más ná". ¿Qué persona se considera "educada"? En realidad es una cuestión de pequeños detalles que hoy en día, por desgracia, pasan altamente desapercibidos por la mayoría, pero que, como todos los detalles, marcan una gran diferencia. La educación reside en gestos tan simples como aguantarle la puerta a la persona que viene detrás de nosotros, ceder nuestro sitio en el autobús a los que lo necesitan, no tirar basura al suelo, pedir perdón y dar las gracias... Es sentido común para algunos, pero por desgracia, este sentido es el menos común de todos. La importancia de dirigirnos correctamente a los demás es, siguiendo esta línea de "detalles", vital para hacer funcionar nuestra sociedad; este aspecto va fuertemente ligado al respeto (tema que trataré con más profundidad más adelante), y es lamentable ver con qué desprecio y superioridad se dirige cierta gente a, por ejemplo, los camareros. Una persona que ha recibido una educación adecuada (me reitero para que no se os vaya de la mente: la educación viene de casa) sabe y no duda en comportarse con educación, valga la redundancia, pidiendo las cosas por favor, en buen tono y, sobre todo, sin hacer desprecios; ¿cuántas veces vemos actitudes de superioridad ante los empleados que nos asisten en el establecimiento que sea? Esto es absolutamente deplorable, vergonzoso.
La educación se está perdiendo. ¿Y cuál es la solución? En mi opinión, en vez de hacer tanto dibujo animado "educativo", que están atontando a los niños de una manera absurda (sí, también me voy a meter con ellos en otra entrada), lo que hay que hacer, y que se ha hecho "de toda la vida", es tirar de la vieja zapatilla y enseñar a los niños a comportarse debidamente; en caso de que alguien me haya malinterpretado y esté en vías de llamar al teléfono de malos tratos, no estoy hablando de usar la violencia para reprender a los niños. Soy, en efecto, de esas personas que piensan que "una bofetada a tiempo quita mucha tontería", pero no es ni mucho menos necesario pegar a los niños; la clave está en ENSEÑAR, en REPRENDER, en EDUCAR. Son directrices muy sencillas, y aunque pueda parecernos un mundo, la clave del éxito reside en la mismísima cabecera de Humana y Humanista: se enseña con el ejemplo. Los adultos cada vez están más ocupados y pasan menos tiempo con sus hijos, eso es cierto, y una realidad frente a la que poco se puede hacer, pero la impresión que se me presenta es que muchos progenitores usan esta situación como excusa para descuidar la educación de sus hijos. ¿Qué está pasando? ¿Estáis los adultos realmente tan ocupados como para no tener tiempo de castigar a vuestro hijo cuando se porta mal? ¿Tanto miedo tenéis de imponeros y dar una lección? No sé a vosotros, lectores, pero a mí me han inculcado ciertas cosas desde que era pequeña, y no me las han enseñado en el colegio. Aunque muchos no se lo crean, los profesores no están para educar a los niños; la tarea de un profesor es adoctrinar, enseñar conocimientos para formar personas culturalmente completas y competentes, no dar azotes.
Necesitamos enseñar a nuestros niños de ahora (que, como ya estáis hartos de oírme decir, son los adultos del mañana) a ser buenos conciudadanos, pues, por desgracia para muchos, no vivimos solos; y resulta que los niños poseen una cualidad fascinante que es la de la imitación. Nadie nace sabiendo. Por eso es imprescindible que enseñemos, que hagamos personas, y sobre todo que no releguemos nuestras tareas a otros (véase el colegio o los ya mencionados dibujos animados "educativos"); las responsabilidades que acarrea un hijo son muchas; yo diría que su educación es la más importante.
viernes, 20 de diciembre de 2013
Contra el bullying
Escribir esta entrada remueve demasiadas heridas que aún no están del todo cerradas, así que me gustaría cederle la palabra a un blog titulado "Rise From The Ground" (al final de la entrada os proporcionaré el link y la cuenta de Twitter de contacto); la autora se puso en contacto conmigo hace unos días y me pidió que visitara su blog, cosa que hice con gusto. Me sorprendió encontrarme con una plataforma completa, muy bien diseñada y cuidada, y lo que es más importante, un blog lleno de verdades.
"Rise From The Ground" tiene como objetivo concienciar y ayudar a las personas que sufren bullying; al igual que éste, el blog está administrado por una adolescente, y a pesar de que no dudo de las capacidades de mi generación, siempre es una grata sorpresa encontrarse con una persona que lleva a cabo una tarea tan difícil y tan cargada de mérito. La página posee diversas secciones, desde un "¿Qué hago si...?" con distintos posibles casos, hasta "Historias Reales", tanto desde el punto de vista de personajes famosos como gente de a pie que ha relatado sus propias experiencias. Una sección concreta que me gustaría tratar es "Falsos Mitos", cuya cabecera es: "Sólo es un juego de niños", acerca de la que escribiré una entrada propia más adelante.
Como ya he dicho, el blog es magnífico en todos los sentidos, desde el diseño a la intención, así como la calidad de las entradas. Os animo a visitarlo y, sobre todo, difundirlo, pues al igual que HyH, "Rise From The Ground" necesita hacer llegar un mensaje muy importante, que no debe ser pasado por alto: STOP BULLYING.
Twitter: @risefromground
miércoles, 18 de diciembre de 2013
Por la reforma en el Sistema Educativo (2ª parte)
En mi entrada anterior traté la cuestión de los contenidos, pero ahora me gustaría centrarme en el aspecto estructural de la educación. Es aquí donde me quiero remitir al Sistema Educativo alemán, ya que mi proposición para nuestra reforma es imitar sus métodos; por lo que parece, no les va nada mal.
En Alemania, todos los niños sin excepción atienden el "Grundschule", es decir, nuestro equivalente a primaria, pero en el quinto y sexto año, es decir, a los 10 y 11 años, pasan por una fase de "orientación" o "examinación", durante la que se decide a qué nivel posterior se les enviará. Según las notas, aptitudes y actitud del alumno, hay tres posibles continuaciones:
-"Hauptschule": este ciclo está diseñado para niños "problemáticos", quizá por convivir en un entorno conflictivo o por otras razones; estos alumnos seguirán sus estudios hasta los 14/15 años (según el centro), y serán educados en materias primariamente manuales, es decir, aprenderán un oficio. Puede parecer que esto va en contra de "mis principios" de enseñar a pensar a los niños, pero en realidad es una resolución que apoyo firmemente: "Todo el mundo es un genio; pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar un árbol, te pasarás la vida creyendo que es estúpido". Los niños que cursan esta modalidad tendrán la opción de realizar un módulo de carácter práctico (un oficio).
-"Realschule": esta opción educativa es asignada a los estudiantes que tienen ciertas dificultades para aprender, o que ciertamente no muestran excesivo interés por ello (una circusntancia que también se puede dar, naturalmente, y en cuyo caso habría que tomas las medidas adecuadas, como ahora explicaré); los escolares de esta modalidad estudiarán hasta los 16 años (es decir, terminarían la ESO en España), y serán orientados hacia módulos de carácter más avanzado (es decir, Formación Profesional). Por ello, serán educados en una base de más cultura "teórica" pero también dispondrán de numerosas actividades/asignaturas prácticas y/o manuales.
-"Gymnasium": a pesar de su similitud, el gimnasio no está involucrado en la tercera y última modalidad de enseñanza alemana; en esta escuela, los estudios continúan hasta los 18 años, tras los que posteriormente se accede a la Universidad (si así se desea, claro).
Este viene a ser el único modelo que hay en España, y que obliga a todo el mundo a seguir la misma línea de aprendizaje, centrándose casi únicamente (en el caso español, que no en el alemán) en contenidos teóricos sin ninguna puesta en práctica. Lo que se sigue de ello es que los alumnos se vean obligados a estudiar y acaben rechazando el sistema, comportándose como esponjas y despreocupándose de aprender, puesto que la impresión que nos llega en múltiples ocasiones es que lo que estamos estudiando "no sirve para nada". El objetivo del sistema alemán es poner en práctica estos conocimientos, fomentando siempre los recursos personales del alumno y trabajando en grupo (una actividad que en España se toma un poco a pitorreo).
Algunos argumentan que éste sistema es discriminatorio, pues "etiquetan" a una edad demasiado temprana al que "vale" y al que "no vale"; sin embargo, en realidad es de una eficiencia... alemana, vaya, puesto que motiva tanto a padres como a hijos a estudiar y a preocuparse por la cultura, ya que está muy presente en sus materias de aprendizaje. Como resultado, se juzga a los peces por sus habilidades natatorias a los monos por su destreza sobre los árboles.
Con respecto a las polémicas Reválidas que propone implantar el señor Wert, mi postura es de apoyo incondicional, siempre y cuando se enfoque correctamente. Siguiendo de todo lo anterior, y esta vez equiparándolo a los cursos españoles, mi propuesta sería hacer una reválida en 6º de Primaria, en la que los alumnos deberían aprobar para pasar de curso, naturalmente, y teniendo en cuenta sus notas, asignados a una de las tres modalidades de estudio que he explicado anteriormente; es decir, en este caso, las notas sí se tendrían en cuenta. Una segunda reválida tendría lugar al terminar la ESO, para determinar si los alumnos poseen los conocimientos adecuados para continuar con sus estudios; en ésta, sin embargo, la calificación sería de Apto o No Apto, sin tener en cuenta los resultados (dando por hecho que el 5 representaría un nivel verdaderamente digno, y no como ahora, que se considera una nota mediocre "regalada"). Posteriormente, en Bachillerato, tendría lugar la tercera y última reválida, en la que se examinaría a los estudiantes de las materias comunes y básicas, de nuevo calificándoles como Aptos o No Aptos; una vez que la reválida determine que el nivel del alumno es suficiente para pasar a la Universidad, cada carrera (que no Facultad, para evitar disparidad de opiniones) debería presentar su propio examen, con las materias necesarias para susodicho título. Por ejemplo, los aspirantes a Medicina deberían aprobar la reválida y luego ser puntuados en sus conocimientos acerca de Biología y Química (si los docentes así lo consideran oportuno). Esto restaría el nivel de estrés y competitividad que actualmente reside entre los estudiantes de Bachillerato, que además ven mermada sus notas por asignaturas "que no van a usar".
De todo esto se sigue que mi propuesta para un buen sistema educativo es el estudio de los estudiantes, valga la redundancia, distinguiendo aptitudes y orientando a los niños a futuros factibles y dignos, en vez de esperar que todos se conviertan en ingenieros. Es cuestión de optimizar las líneas difusas de nuestro método actual, y de proponer un cambio por la cultura.
En Alemania, todos los niños sin excepción atienden el "Grundschule", es decir, nuestro equivalente a primaria, pero en el quinto y sexto año, es decir, a los 10 y 11 años, pasan por una fase de "orientación" o "examinación", durante la que se decide a qué nivel posterior se les enviará. Según las notas, aptitudes y actitud del alumno, hay tres posibles continuaciones:
-"Hauptschule": este ciclo está diseñado para niños "problemáticos", quizá por convivir en un entorno conflictivo o por otras razones; estos alumnos seguirán sus estudios hasta los 14/15 años (según el centro), y serán educados en materias primariamente manuales, es decir, aprenderán un oficio. Puede parecer que esto va en contra de "mis principios" de enseñar a pensar a los niños, pero en realidad es una resolución que apoyo firmemente: "Todo el mundo es un genio; pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar un árbol, te pasarás la vida creyendo que es estúpido". Los niños que cursan esta modalidad tendrán la opción de realizar un módulo de carácter práctico (un oficio).
-"Realschule": esta opción educativa es asignada a los estudiantes que tienen ciertas dificultades para aprender, o que ciertamente no muestran excesivo interés por ello (una circusntancia que también se puede dar, naturalmente, y en cuyo caso habría que tomas las medidas adecuadas, como ahora explicaré); los escolares de esta modalidad estudiarán hasta los 16 años (es decir, terminarían la ESO en España), y serán orientados hacia módulos de carácter más avanzado (es decir, Formación Profesional). Por ello, serán educados en una base de más cultura "teórica" pero también dispondrán de numerosas actividades/asignaturas prácticas y/o manuales.
-"Gymnasium": a pesar de su similitud, el gimnasio no está involucrado en la tercera y última modalidad de enseñanza alemana; en esta escuela, los estudios continúan hasta los 18 años, tras los que posteriormente se accede a la Universidad (si así se desea, claro).
Este viene a ser el único modelo que hay en España, y que obliga a todo el mundo a seguir la misma línea de aprendizaje, centrándose casi únicamente (en el caso español, que no en el alemán) en contenidos teóricos sin ninguna puesta en práctica. Lo que se sigue de ello es que los alumnos se vean obligados a estudiar y acaben rechazando el sistema, comportándose como esponjas y despreocupándose de aprender, puesto que la impresión que nos llega en múltiples ocasiones es que lo que estamos estudiando "no sirve para nada". El objetivo del sistema alemán es poner en práctica estos conocimientos, fomentando siempre los recursos personales del alumno y trabajando en grupo (una actividad que en España se toma un poco a pitorreo).
Algunos argumentan que éste sistema es discriminatorio, pues "etiquetan" a una edad demasiado temprana al que "vale" y al que "no vale"; sin embargo, en realidad es de una eficiencia... alemana, vaya, puesto que motiva tanto a padres como a hijos a estudiar y a preocuparse por la cultura, ya que está muy presente en sus materias de aprendizaje. Como resultado, se juzga a los peces por sus habilidades natatorias a los monos por su destreza sobre los árboles.
Con respecto a las polémicas Reválidas que propone implantar el señor Wert, mi postura es de apoyo incondicional, siempre y cuando se enfoque correctamente. Siguiendo de todo lo anterior, y esta vez equiparándolo a los cursos españoles, mi propuesta sería hacer una reválida en 6º de Primaria, en la que los alumnos deberían aprobar para pasar de curso, naturalmente, y teniendo en cuenta sus notas, asignados a una de las tres modalidades de estudio que he explicado anteriormente; es decir, en este caso, las notas sí se tendrían en cuenta. Una segunda reválida tendría lugar al terminar la ESO, para determinar si los alumnos poseen los conocimientos adecuados para continuar con sus estudios; en ésta, sin embargo, la calificación sería de Apto o No Apto, sin tener en cuenta los resultados (dando por hecho que el 5 representaría un nivel verdaderamente digno, y no como ahora, que se considera una nota mediocre "regalada"). Posteriormente, en Bachillerato, tendría lugar la tercera y última reválida, en la que se examinaría a los estudiantes de las materias comunes y básicas, de nuevo calificándoles como Aptos o No Aptos; una vez que la reválida determine que el nivel del alumno es suficiente para pasar a la Universidad, cada carrera (que no Facultad, para evitar disparidad de opiniones) debería presentar su propio examen, con las materias necesarias para susodicho título. Por ejemplo, los aspirantes a Medicina deberían aprobar la reválida y luego ser puntuados en sus conocimientos acerca de Biología y Química (si los docentes así lo consideran oportuno). Esto restaría el nivel de estrés y competitividad que actualmente reside entre los estudiantes de Bachillerato, que además ven mermada sus notas por asignaturas "que no van a usar".
De todo esto se sigue que mi propuesta para un buen sistema educativo es el estudio de los estudiantes, valga la redundancia, distinguiendo aptitudes y orientando a los niños a futuros factibles y dignos, en vez de esperar que todos se conviertan en ingenieros. Es cuestión de optimizar las líneas difusas de nuestro método actual, y de proponer un cambio por la cultura.
Por la reforma en el Sistema Educativo (1ª parte)
Con motivo de las dos entradas ("Por la educación" y "Por la música") acerca de los cambios en educación que nos gustaría ver a mis socios y a mí (aunque de momento sólo conozcáis a uno de ellos, pronto llegarán aportaciones de nuevos Humanos y Humanistas), me gustaría proponer un modelo de Sistema Educativo paralelo a la famosa Ley LOMCE que ataca nuestras calles últimamente; no estableceré comparaciones entre mi modelo y la susodicha Ley, sino que simplemente aportaré mis propias ideas acerca del asunto, como estudiante a favor de la cultura. Sin embargo sí que usaré el Sistema Educativo alemán como sistema de referencia, reforzando así los argumentos que aportó Víctor en "Por la música". Dado que es un "modelo de reforma", dividiré el texto bajo encabezados, un esquema que normalmente no seguiré para el resto de las entradas, pero que considero oportuno para expresarme con claridad.
Parvulario
Desde el mismo comienzo de nuestra educación "externa" (es decir, la que no recibimos de nuestros padres), se debe fomentar la imaginación y el desarrollo de cualidades artísticas; esto no dista mucho de la actual situación, pero concretaré algo más: dibujos, manualidades, multitud de ejercicios que desarrollen la creatividad de los alumnos, su capacidad de hacer algo por ellos mismos (esto es, no seguir siempre la línea de puntos), potenciando su carisma y habilidades artísticas, que, aunque pseudo-despreciadas actualmente por su "inutilidad funcional", son igual de importantes que el álgebra diferencial, sobre todo a una edad en la que los niños "explotan" su imaginación. También es fundamental que se fomente el compañerismo y el buen ambiente entre los niños, pues aunque esto parezca una tontería/obviedad, el bullying empieza a germinar en esos primeros años de contacto con la sociedad, y es un tema que no puede (que no debe; no puede) tomarse a la ligera (naturalmente, trataré este gran problema en otra entrada).
Educación Primaria
Una vez que empieza "el cole" propiamente dicho, "el cole de mayores" como se llama comúnmente entre los menores, hay que enfocar la educación de los niños a un aprendizaje activo, directo y funcional. Esto quiere decir que es imprescindible enseñar a los niños a leer perfectamente, con una buena pronunciación, sin vacilaciones, usando la entonación correcta y, sobre todo, comprendiendo los textos; naturalmente no se puede esperar que infantes lean y comprendan textos de, pongamos, Bécquer, eso está claro, pero es esencial encaminarles hacia ello; por supuesto, esta casilla incluye las reglas de ortografía y redacción. Asimismo, la aritmética es fundamental; "las cuatro reglas", que se llamaban antes (suma, resta, multiplicación y división) han quedado prácticamente relegadas a la calculadora, haciendo a los estudiantes demasiado dependientes del aparato; me remito al típico dicho/chiste de <<Exámenes de matemáticas en los que usas la calculadora para 1+1 "por si acaso".>>. Soy perfectamente consciente de que no se refiere a la falta de conocimientos aritméticos de los alumnos, pero sí refleja una falta grave en la base de la educación posterior.
Una vez cubiertas las materias "base" para el futuro desarrollo intelectual de los escolares, también es primordial abordar los idiomas desde el ángulo adecuado; para empezar, la traducción no sirve de nada. No quiero quitar mérito alguno a esta digna profesión, que no se me malinterprete, pero una lengua no puede aprenderse a base de traducciones, por la simple razón de que el bilingüismo es precisamente la capacidad de pensar en dos idiomas, sin necesidad de tener que traducirlo. Dicho lo cual, es importante que se sigan pautas didácticas activas, asentando, igual que con la lengua y las matemáticas, las bases para un futuro aprendizaje más completo. Una cuarta asignatura vital es aquella que la mayoría (o yo, al menos) recordamos con ternura: Conocimiento del Medio; esta materia lo tiene todo: biología, historia, geografía... En resumen, aporta el conocimiento del medio en el que vivimos (como su nombre bien indica).
Naturalmente no podemos olvidarnos de las artes, que deben seguir siendo fomentadas, desde la música (sí, la música, caramba, que los pentagramas no muerden) hasta la pintura, pasando lógicamente por la literatura, e incluso, me atrevo a decir, el cine. Es importante educarnos en todo aquello que nos rodea, y ¿qué forma de cultura se encuentra más presente y camuflada entre nosotros? LAS ARTES. Guste o no, juegan un papel muy decisivo en nuestra personalidad y conducta (si no, ¿qué es la publicidad, sino el uso "maestro" de diversas artes combinadas?).
En resumen, lo principal es que enseñemos A PENSAR. Es común decir que "los niños son esponjas", refiriéndose a que absorben contenidos con una agilidad portentosa, pero yo cada vez veo el sentido de esta frase reflejado en la pasividad de los alumnos, que no tienen más que, como buena esponja, absorber, sin dar nada a cambio; nuestro Sistema Educativo está sostenido en una dinámica pasiva, en la que los alumnos se sientan, copian, memorizan, reproducen, aprueban, y repiten el ciclo. Parece que nos cuesta darnos cuenta de lo necesario que es enseñar a pensar por uno mismo, no simplemente a "hincar codos" como... en fin, como esponjas.
Educación Secundaria
Una de los mayores fallos que le veo a este ciclo es su enfoque prioritario hacia Bachillerato. Como si fuera una etapa "puente"; "lo que dé en la ESO me da igual, porque en Bachillerato no voy a tener esta asignatura". Realmente no hay concepción de la cultura que me duela más. Precisamente por eso insisto en la importancia de fomentar la cultura y la curiosidad natural por el aprendizaje; es lógico que nunca nos van a gustar todas las asignaturas, pero ¿no podríamos conseguir que al menos un par de ellas se estudiara con ganas?
Con respecto a las materias impartidas, quiero remitirme también al sistema americano además de al alemán; los adolescentes americanos son instruidos con clases de debate como asignatura obligatoria, en la que aprenden a defender sus argumentos, a respetar los de los demás y a expresarse con claridad y concisión; una cualidad que parece estar en decadencia entre nuestros escolares. Así pues, en vez de "educación para la ciudadanía" o "ética", yo propongo que se imparta la asignatura de Debate, en la que, para no descuidar estas otras materias que se quitan del medio, se tratarían temas de ética y ciudadanía. Las artes plásticas y la música deberían ser obligatorias, eligiendo una y estudiándola "en serio" (que pongo entre comillas por la carencia de sentido que tiene para mí; si algo se va a estudiar mal, que no se estudie).
Sobre todo, lo principal en este ciclo educativo es seguir fomentando la capacidad propia de los niños para pensar por sí mismos, ser capaces de deducir y adquirir una cultura realmente general; es decir, enseñar lo "básico", y enseñarlo bien. ¿Por qué hay que estudiar CMC (Ciencias del Mundo Contemporáneo, que viene a ser "biología divulgativa") cuando hemos estado tratando biología desde los doce años? ¿Tan mal se da que es necesario repetir lo mismo cuatro años después, en un ciclo tan vital como es Bachillerato? Consigamos un sistema eficiente, aunque sólo sea por la cuenta que nos trae, y no permitamos que se vaya perdiendo nivel de exigencia, ni de cultura, ni contenidos; optimicemos prioridades.
Bachillerato
Este es el tema concreto que en mí levanta pasiones. Voy a presentar una lista con las asignaturas que yo considero necesarias para este ciclo e intentaré ser breve en las razones que me motivan.
Asignaturas Comunes Obligatorias:
-Lengua Castellana y Literatura: naturalmente, no creo que haga falta explicar por qué; necesitamos conocer nuestro idioma.
-Filosofía: sí, señor Wert, FILOSOFÍA; si no sabemos cómo pensaban los más sabios, ¿cómo vamos a aprender a pensar nosotros mismos? Por tediosa que parezca, abordada desde el ángulo adecuado (suerte de la cual yo gozo, afortunadamente), la filosofía es una fuente infinita de cultura que nos mueve a pensar.
-Inglés: no considero necesario aportar razones para ello.
-Educación Física: si ésta materia debería puntuarse o no, es un extenso debate en el que no me voy a meter ahora, pero, como vaga redomada, reconozco y admito que es imprescindible mantenerse en forma: Mente sana en un cuerpo sano.
-Matemáticas: divididas dentro de cada modalidad para conseguir una orientación práctica (es decir, tal y como está).
-Economía: en lugar de CMC, conocimientos que deberían haberse aprendido y asentado en la ESO, yo soy partidaria de que podamos gozar de instrucción en el campo más competitivo y presente en nuestras vidas, es decir, la economía. Es una doctrina que está presente en todos los aspectos de nuestra vida, y aunque sólo sea impartida de manera "general", a mí al menos me gustaría aprender a entender la factura de la luz.
Asignaturas Comunes Optativas:
Aquí me remito a la cultura más pura y dura que hay: el arte y los idiomas.
-Segundo idioma, sea el que sea.
-Arte/Música: sí, de nuevo me tenéis dando la paliza con la música. ¡Es importante!
Parvulario
Desde el mismo comienzo de nuestra educación "externa" (es decir, la que no recibimos de nuestros padres), se debe fomentar la imaginación y el desarrollo de cualidades artísticas; esto no dista mucho de la actual situación, pero concretaré algo más: dibujos, manualidades, multitud de ejercicios que desarrollen la creatividad de los alumnos, su capacidad de hacer algo por ellos mismos (esto es, no seguir siempre la línea de puntos), potenciando su carisma y habilidades artísticas, que, aunque pseudo-despreciadas actualmente por su "inutilidad funcional", son igual de importantes que el álgebra diferencial, sobre todo a una edad en la que los niños "explotan" su imaginación. También es fundamental que se fomente el compañerismo y el buen ambiente entre los niños, pues aunque esto parezca una tontería/obviedad, el bullying empieza a germinar en esos primeros años de contacto con la sociedad, y es un tema que no puede (que no debe; no puede) tomarse a la ligera (naturalmente, trataré este gran problema en otra entrada).
Educación Primaria
Una vez que empieza "el cole" propiamente dicho, "el cole de mayores" como se llama comúnmente entre los menores, hay que enfocar la educación de los niños a un aprendizaje activo, directo y funcional. Esto quiere decir que es imprescindible enseñar a los niños a leer perfectamente, con una buena pronunciación, sin vacilaciones, usando la entonación correcta y, sobre todo, comprendiendo los textos; naturalmente no se puede esperar que infantes lean y comprendan textos de, pongamos, Bécquer, eso está claro, pero es esencial encaminarles hacia ello; por supuesto, esta casilla incluye las reglas de ortografía y redacción. Asimismo, la aritmética es fundamental; "las cuatro reglas", que se llamaban antes (suma, resta, multiplicación y división) han quedado prácticamente relegadas a la calculadora, haciendo a los estudiantes demasiado dependientes del aparato; me remito al típico dicho/chiste de <<Exámenes de matemáticas en los que usas la calculadora para 1+1 "por si acaso".>>. Soy perfectamente consciente de que no se refiere a la falta de conocimientos aritméticos de los alumnos, pero sí refleja una falta grave en la base de la educación posterior.
Una vez cubiertas las materias "base" para el futuro desarrollo intelectual de los escolares, también es primordial abordar los idiomas desde el ángulo adecuado; para empezar, la traducción no sirve de nada. No quiero quitar mérito alguno a esta digna profesión, que no se me malinterprete, pero una lengua no puede aprenderse a base de traducciones, por la simple razón de que el bilingüismo es precisamente la capacidad de pensar en dos idiomas, sin necesidad de tener que traducirlo. Dicho lo cual, es importante que se sigan pautas didácticas activas, asentando, igual que con la lengua y las matemáticas, las bases para un futuro aprendizaje más completo. Una cuarta asignatura vital es aquella que la mayoría (o yo, al menos) recordamos con ternura: Conocimiento del Medio; esta materia lo tiene todo: biología, historia, geografía... En resumen, aporta el conocimiento del medio en el que vivimos (como su nombre bien indica).
Naturalmente no podemos olvidarnos de las artes, que deben seguir siendo fomentadas, desde la música (sí, la música, caramba, que los pentagramas no muerden) hasta la pintura, pasando lógicamente por la literatura, e incluso, me atrevo a decir, el cine. Es importante educarnos en todo aquello que nos rodea, y ¿qué forma de cultura se encuentra más presente y camuflada entre nosotros? LAS ARTES. Guste o no, juegan un papel muy decisivo en nuestra personalidad y conducta (si no, ¿qué es la publicidad, sino el uso "maestro" de diversas artes combinadas?).
En resumen, lo principal es que enseñemos A PENSAR. Es común decir que "los niños son esponjas", refiriéndose a que absorben contenidos con una agilidad portentosa, pero yo cada vez veo el sentido de esta frase reflejado en la pasividad de los alumnos, que no tienen más que, como buena esponja, absorber, sin dar nada a cambio; nuestro Sistema Educativo está sostenido en una dinámica pasiva, en la que los alumnos se sientan, copian, memorizan, reproducen, aprueban, y repiten el ciclo. Parece que nos cuesta darnos cuenta de lo necesario que es enseñar a pensar por uno mismo, no simplemente a "hincar codos" como... en fin, como esponjas.
Educación Secundaria
Una de los mayores fallos que le veo a este ciclo es su enfoque prioritario hacia Bachillerato. Como si fuera una etapa "puente"; "lo que dé en la ESO me da igual, porque en Bachillerato no voy a tener esta asignatura". Realmente no hay concepción de la cultura que me duela más. Precisamente por eso insisto en la importancia de fomentar la cultura y la curiosidad natural por el aprendizaje; es lógico que nunca nos van a gustar todas las asignaturas, pero ¿no podríamos conseguir que al menos un par de ellas se estudiara con ganas?
Con respecto a las materias impartidas, quiero remitirme también al sistema americano además de al alemán; los adolescentes americanos son instruidos con clases de debate como asignatura obligatoria, en la que aprenden a defender sus argumentos, a respetar los de los demás y a expresarse con claridad y concisión; una cualidad que parece estar en decadencia entre nuestros escolares. Así pues, en vez de "educación para la ciudadanía" o "ética", yo propongo que se imparta la asignatura de Debate, en la que, para no descuidar estas otras materias que se quitan del medio, se tratarían temas de ética y ciudadanía. Las artes plásticas y la música deberían ser obligatorias, eligiendo una y estudiándola "en serio" (que pongo entre comillas por la carencia de sentido que tiene para mí; si algo se va a estudiar mal, que no se estudie).
Sobre todo, lo principal en este ciclo educativo es seguir fomentando la capacidad propia de los niños para pensar por sí mismos, ser capaces de deducir y adquirir una cultura realmente general; es decir, enseñar lo "básico", y enseñarlo bien. ¿Por qué hay que estudiar CMC (Ciencias del Mundo Contemporáneo, que viene a ser "biología divulgativa") cuando hemos estado tratando biología desde los doce años? ¿Tan mal se da que es necesario repetir lo mismo cuatro años después, en un ciclo tan vital como es Bachillerato? Consigamos un sistema eficiente, aunque sólo sea por la cuenta que nos trae, y no permitamos que se vaya perdiendo nivel de exigencia, ni de cultura, ni contenidos; optimicemos prioridades.
Bachillerato
Este es el tema concreto que en mí levanta pasiones. Voy a presentar una lista con las asignaturas que yo considero necesarias para este ciclo e intentaré ser breve en las razones que me motivan.
Asignaturas Comunes Obligatorias:
-Lengua Castellana y Literatura: naturalmente, no creo que haga falta explicar por qué; necesitamos conocer nuestro idioma.
-Filosofía: sí, señor Wert, FILOSOFÍA; si no sabemos cómo pensaban los más sabios, ¿cómo vamos a aprender a pensar nosotros mismos? Por tediosa que parezca, abordada desde el ángulo adecuado (suerte de la cual yo gozo, afortunadamente), la filosofía es una fuente infinita de cultura que nos mueve a pensar.
-Inglés: no considero necesario aportar razones para ello.
-Educación Física: si ésta materia debería puntuarse o no, es un extenso debate en el que no me voy a meter ahora, pero, como vaga redomada, reconozco y admito que es imprescindible mantenerse en forma: Mente sana en un cuerpo sano.
-Matemáticas: divididas dentro de cada modalidad para conseguir una orientación práctica (es decir, tal y como está).
-Economía: en lugar de CMC, conocimientos que deberían haberse aprendido y asentado en la ESO, yo soy partidaria de que podamos gozar de instrucción en el campo más competitivo y presente en nuestras vidas, es decir, la economía. Es una doctrina que está presente en todos los aspectos de nuestra vida, y aunque sólo sea impartida de manera "general", a mí al menos me gustaría aprender a entender la factura de la luz.
Asignaturas Comunes Optativas:
Aquí me remito a la cultura más pura y dura que hay: el arte y los idiomas.
-Segundo idioma, sea el que sea.
-Arte/Música: sí, de nuevo me tenéis dando la paliza con la música. ¡Es importante!
lunes, 16 de diciembre de 2013
Por la música
Esta entrada viene de la mano de Víctor Ardelean, uno de mis socios en HyH, quien intentará aportaros un artículo nuevo cada semana.
Con esta
inquietante imagen abro este artículo, en el que quiero lanzar un pequeño grito
sobre la música, la importancia de su papel en nuestras vidas y, sobre todo, la
situación actual de su enseñanza, tanto a nivel local como mundial.
¿Qué
representa la música en nuestras vidas? ¿Por qué, para qué es importante? Para
comenzar, debe explicarse que la importancia de la música reside en que en
realidad no es más que otro idioma, un idioma hablado internacionalmente y que
no distingue entre países, razas, culturas o religiones; no dependemos de los
valores aprendidos en nuestra sociedad para entenderla. Sin duda alguna, la
música une a las personas, de acuerdo con el lema “La música es el único
lenguaje que no todo el mundo habla, pero sí entiende”. Esto se puede comparar
con cómo cualquier persona de cualquier rincón del mundo sabe que si alguien
sonríe es porque está feliz, sin que nadie le haya enseñado “sonrisa significa
felicidad”. En resumidas cuentas: la música, al igual que la sonrisa, es algo
innato en el hombre, algo que no se puede aprender a sentir.
No se puede aprender a sentir
la música, pero sí a entenderla, comprenderla y, por supuesto, interpretarla.
Algo tan natural y propio del ser humano debería ser fomentado y alabado, pero
sin embargo en este país hemos permitido que se desprecie a todo aquel que
vemos cargando con su instrumento a la espalda. No se puede negar que se le
mira distinto, como si perteneciera a otro grupo y fuera “el raro”. Nadie se
para a pensar en el dolor que provoca esta falta de reconocimiento al esfuerzo
que supone tener que asistir a dos escuelas al mismo tiempo, con la gran
cantidad de horas de estudio y resultados que exigen ambos.
Al mismo tiempo, cuando
hablamos de jóvenes a las puertas de la universidad y su futuro, ¿cómo de
difícil se hace la elección del grado superior musical en lugar de una carrera
universitaria “normal” cuando lo único que se oye como respuesta a la propia
ilusión es la cruel frasecita “Ah, que quieres estudiar música, pero ¿y qué
más?”? ¿¡Qué más!? ¿Qué más que una carrera de catorce años, compaginada con
los doce de estudios escolares? Con este gran apoyo y entusiasmo, no se hace
difícil imaginarse cómo hemos permitido que la música caiga tan bajo en la
sociedad española. Como punto de partida en la búsqueda de los motivos de esta
inquietante carencia, tomaremos como referencia Alemania, un país que destaca
por el ejemplar fomento y enseñanza de los que goza la música. Si les miramos a
ellos y nos comparamos, ¿qué diferencias vemos? Sin lugar a dudas, la cuestión
principal es la mentalidad de la población. En países centroeuropeos como
Alemania, el raro es el que NO toca un instrumento. La música forma parte de
sus vidas y se ve como algo natural, viven con ella día a día y se fomenta de
todas las formas posibles. Teniendo esta cultura de fomento del arte entre la
gran mayoría de habitantes, el resto de factores que propician la enseñanza
musical fluyen solos. El primero es la importancia que se le da a las
asignaturas musicales ya en el colegio. No estoy hablando sólo de la asignatura
de música como tal, sino de las ventajas con las que cuentan los niños músicos
en sus escuelas. Desde quinto de primaria se ofrecen clases de instrumento en
el propio colegio; ¿dónde se ha visto eso en España? Además de que durante los
años equivalentes a la ESO la música impartida en Alemania es relativamente
fuerte y ya hace introduce conocimientos teóricos y prácticos muy profundos
(con perdón, lo que se aprende en los institutos españoles como “música” es de
risa), es obligatorio escoger un arte para los dos últimos años, ya sea música
o pintura, de nuevo algo inconcebible en España. Poniéndonos en el caso de la
elección de música, los temarios impartidos son ya tan elevados que igualan a
los mismísimos conservatorios. Lo que quiero hacer ver es que la música puede
tomarse como un pitorreo, o puede hacerse en serio. Un país opta por sacrificar
toda forma de arte en su programa educativo; otro, se asegura de que ningún
joven acabe sus estudios sin saber distinguir al menos una pieza barroca de una
romántica. Debería lucharse por que esta terrible comparación no fuese posible.
Si salimos fuera del ámbito del
colegio, nos encontramos ante lo que es la verdadera fuente de músicos en una
sociedad: los conservatorios. En este último punto retomaremos la imagen a la
cabeza de la entrada. ¿Por qué solo dos de cada diez niños gozan del privilegio
de una formación musical, cuando hay un setenta por ciento de adultos que se
arrepienten de no haberla tenido de pequeños? Haciendo referencia a entradas
anteriores: por dejadez. Debería haber una mayor concienciación de los padres
sobre la importancia que tiene la música en un niño. Están demostrados
científicamente el gran desarrollo mental que supone y el aumento de la
creatividad, pero la falta de iniciativa y resolución de los padres, sumada a
la preocupante escasez de conservatorios que sufre España, provoca el gran
analfabetismo musical característico de este país. No existen becas, a pesar de
que los mejores de los pocos conservatorios existentes son privados (la
decadencia de los públicos se la debemos a nuestro único sistema educativo), y
otro gran motivo que amedrenta a muchos padres es tener que afrontar el pago de
matrículas trimestrales (cuyo precio, por cierto, fue duplicado este curso)
además de la inversión que supone la compra de un instrumento.
¿Qué tenemos entonces? Un
sistema en decadencia, en obvio retraso frente al de muchos otros países. Un
sistema que, defendiéndose en la falta de recursos económicos, está permitiendo
la desaparición de la cultura y del arte. Pero, sobre todo, tenemos un pueblo
que no está haciendo nada por defender esa “nimiedad sin importancia” que dicen
que es la música. El problema no viene del sistema de arriba; si la música
ganase la importancia que se merece entre nosotros, todo lo demás sería tirar
del hilo. Pero necesitamos el hilo.
domingo, 15 de diciembre de 2013
Por la justicia
La justicia es uno de los pilares de nuestra sociedad y nuestro país, puesto que en ella residen los derechos y obligaciones de cada uno de los ciudadanos que lo habitan. Nuestra justicia, concretamente, como ya dije en una entrada anterior ("Contra la dejadez"), es víctima de la dejadez general que absorbe al país; yo suelo recurrir a la expresión de que es "de niños pequeños", porque veo constantemente penas que parecen estar siendo aplicadas a niños de parvulario: Como te has portado mal te pongo de cara a la pared pero te acabo levantando el castigo. Este ejemplo es el más representativo hoy en día, bajo el régimen de un código civil enfocado a la reinserción social antes que al castigo.
El objetivo de la reinserción es dar una segunda oportunidad a aquellos que quiebran la ley, sea cual sea su infracción, y esta orientación, en mi opinión, es incorrecta por un motivo: no todos los crímenes son iguales; no es lo mismo robar un banco que matar a alguien, ¿cierto? Entonces, ¿por qué la condena se mide igual? Un ladrón puede llegar a estar el mismo tiempo en la cárcel que un asesino, enfoque que me parece del todo, válgame la redundancia del tema, injusto. Estamos hablando de los derechos de la persona, y así como la viga principal de la justicia es tratar a todos como iguales, quiero poner la frontera en el reparto de justicia que le toca a cada uno. Un craso error del Sistema Judicial y gubernamental español ha sido la hoy famosa Doctrina Parot, que debido a la retroactividad de su aplicación ha conseguido la puesta en libertad de un gran número de criminales tales que violadores y terroristas; es decir, el error está lógicamente en la retroactividad de ésta, pues es un principio fundamental del derecho que ninguna ley podrá aplicarse con este carácter. Pero además, el error reside sobre todo en la falta de acción en el momento preciso, ya que ahora estamos sufriendo las consecuencias.
De todo esto se sigue que hay que cambiar el código civil. ¿Cómo? Valorando qué crímenes y qué criminales merecen la reinserción, y cuáles merecen únicamente castigo; yo personalmente divido las infracciones en dos grandes grupos: leves y graves. Las primeras engloban infracciones tales como robos, tráfico de drogas, delitos para con Hacienda y derivados; las infracciones graves, por otro lado, hacen referencia a asesinos (sobre todo aquellos que han quitado más de una vida y/o cruelmente), violadores, terroristas y demás sujetos cuyas faltas atentan contra el primero de los Derechos Humanos. Establecida una vez la división, y teniendo en cuenta lo que implica cada crimen, estoy firmemente a favor de la cadena perpetua. Ésta va en contra del principio de reinserción del código civil, pero yo la considero no sólo el castigo justo y apropiado para violadores y asesinos en general, sino además una gran táctica de educación; para defender esto me apoyo en algo que leí una vez: "Enseñamos a nuestras niñas a no ser violadas en vez de enseñar a los niños a no violar". Si imponemos autoridad, lo lógico sería que la gente se lo pensara dos veces antes de atreverse a cometer un crimen; si no, que sufran las consecuencias.
Como todo en esta vida, y como ya he dicho, la justicia viene de la educación; tenemos que enseñar a no robar, enseñar a no matar, a no cometer crímenes y a ser buenos ciudadanos y buenas personas; igual que se castiga a un niño cuando desobedece a su madre, hay que castigar a aquellos que conscientemente deciden infringir las normas y transgredir los derechos humanos (haciendo especial hincapié en conscientemente, considero apropiada y necesaria la ampliación de la edad mínima para sufrir una condena; si eres lo suficientemente mayor como para matar a alguien, lo eres para sufrir las consecuencias) . La reinserción debe estar orientada a aquellos que han tomado algo que pueden devolver; esto es, a ladrones (de todo tipo), que deben devolver todo lo que han robado además de pagar una multa; a proxenetas y agresores, que deberían hacer trabajos sociales y aprender el valor de las personas; a aquellos que, en general, pueden devolver lo que han quitado, además de pagar su condena. Por el contrario, un asesino jamás podrá devolver la vida que tomó, y mucha peor es su culpa si además no se arrepiente de ello, o hasta se enorgullece de sus actos; esta gente no puede andar libre entre nosotros, porque han optado por jugar a ser Dios, a decidir quién merece vivir y quién no; la cadena de muerte no es la solución, puesto que "ojo por ojo todos nos quedaremos ciegos", pero por lo tanto es necesario imponer un castigo acorde con la ofensa.
Si no se aprende por las buenas, habrá que aprender por las malas, y la justicia significa dar a cada uno lo que le corresponde, ya sea en bien o en mal.
El objetivo de la reinserción es dar una segunda oportunidad a aquellos que quiebran la ley, sea cual sea su infracción, y esta orientación, en mi opinión, es incorrecta por un motivo: no todos los crímenes son iguales; no es lo mismo robar un banco que matar a alguien, ¿cierto? Entonces, ¿por qué la condena se mide igual? Un ladrón puede llegar a estar el mismo tiempo en la cárcel que un asesino, enfoque que me parece del todo, válgame la redundancia del tema, injusto. Estamos hablando de los derechos de la persona, y así como la viga principal de la justicia es tratar a todos como iguales, quiero poner la frontera en el reparto de justicia que le toca a cada uno. Un craso error del Sistema Judicial y gubernamental español ha sido la hoy famosa Doctrina Parot, que debido a la retroactividad de su aplicación ha conseguido la puesta en libertad de un gran número de criminales tales que violadores y terroristas; es decir, el error está lógicamente en la retroactividad de ésta, pues es un principio fundamental del derecho que ninguna ley podrá aplicarse con este carácter. Pero además, el error reside sobre todo en la falta de acción en el momento preciso, ya que ahora estamos sufriendo las consecuencias.
De todo esto se sigue que hay que cambiar el código civil. ¿Cómo? Valorando qué crímenes y qué criminales merecen la reinserción, y cuáles merecen únicamente castigo; yo personalmente divido las infracciones en dos grandes grupos: leves y graves. Las primeras engloban infracciones tales como robos, tráfico de drogas, delitos para con Hacienda y derivados; las infracciones graves, por otro lado, hacen referencia a asesinos (sobre todo aquellos que han quitado más de una vida y/o cruelmente), violadores, terroristas y demás sujetos cuyas faltas atentan contra el primero de los Derechos Humanos. Establecida una vez la división, y teniendo en cuenta lo que implica cada crimen, estoy firmemente a favor de la cadena perpetua. Ésta va en contra del principio de reinserción del código civil, pero yo la considero no sólo el castigo justo y apropiado para violadores y asesinos en general, sino además una gran táctica de educación; para defender esto me apoyo en algo que leí una vez: "Enseñamos a nuestras niñas a no ser violadas en vez de enseñar a los niños a no violar". Si imponemos autoridad, lo lógico sería que la gente se lo pensara dos veces antes de atreverse a cometer un crimen; si no, que sufran las consecuencias.
Como todo en esta vida, y como ya he dicho, la justicia viene de la educación; tenemos que enseñar a no robar, enseñar a no matar, a no cometer crímenes y a ser buenos ciudadanos y buenas personas; igual que se castiga a un niño cuando desobedece a su madre, hay que castigar a aquellos que conscientemente deciden infringir las normas y transgredir los derechos humanos (haciendo especial hincapié en conscientemente, considero apropiada y necesaria la ampliación de la edad mínima para sufrir una condena; si eres lo suficientemente mayor como para matar a alguien, lo eres para sufrir las consecuencias) . La reinserción debe estar orientada a aquellos que han tomado algo que pueden devolver; esto es, a ladrones (de todo tipo), que deben devolver todo lo que han robado además de pagar una multa; a proxenetas y agresores, que deberían hacer trabajos sociales y aprender el valor de las personas; a aquellos que, en general, pueden devolver lo que han quitado, además de pagar su condena. Por el contrario, un asesino jamás podrá devolver la vida que tomó, y mucha peor es su culpa si además no se arrepiente de ello, o hasta se enorgullece de sus actos; esta gente no puede andar libre entre nosotros, porque han optado por jugar a ser Dios, a decidir quién merece vivir y quién no; la cadena de muerte no es la solución, puesto que "ojo por ojo todos nos quedaremos ciegos", pero por lo tanto es necesario imponer un castigo acorde con la ofensa.
Si no se aprende por las buenas, habrá que aprender por las malas, y la justicia significa dar a cada uno lo que le corresponde, ya sea en bien o en mal.
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| Diosa Justicia: Ciega porque es imparcial. Portadora de una espada porque es letal. |
Por la educación
Nuestro país sufre una crisis educacional que nos está alejando del progreso y del crecimiento tanto económico como social, debido a la dejadez e ineficacia de nuestro Sistema Educativo. Como ya introduje en la entrada anterior, el Sistema es demasiado poco exigente, permitiendo todo tipo de faltas que no pasarían por alto en cualquier otro país europeo, lo que acaba repercutiendo en informes de carácter internacional como el Informe PISA, que nos coloca a la cola de toda la UE; y lo que es más, el actual Sistema está fomentando que los alumnos renieguen del conocimiento.
Tal y como se presenta, ahora sabemos "mucho de todo", pero al final no sabemos nada de nada, porque entre rocas con textura lepidoblástica, alomorfos de palabras, ecuaciones trigonométricas y física cuántica, nos estamos dejando por el camino la lengua y la aritmética. ¿De qué sirve que un quinceañero sepa descomponer la palabra "aterrizaje" en morfemas, lexemas y sabe Dios qué otras invenciones de nuestra respetada Real Academia, si todavía tartamudea al leer un texto? ¿De que sirve saberse la vida de Antonio Machado mejor que él mismo si no se entiende lo que se lee? ¿Cuál es la función de los límites y las funciones logarítmicas si los alumnos tienen que usar la calculadora para restar una fracción? La carrera tecnológica de las últimas décadas ha transformado profundamente la concepción de la educación (al menos en España, que nos gusta ir de modernos y al final acabamos metiendo la pata), creando un sistema educativo que bombardea a los alumnos con contenidos demasiado específicos antes de asentar las bases fundamentales; es decir, nos enseñan a correr antes que a andar.
Por otro lado, centrándonos en el tema de la permisividad, al conceder tantas "oportunidades" para aprobar una asignatura (del examen suspenso a diciembre, a junio, a septiembre, e incluso al siguiente curso según la asignatura con el suspenso en cuestión pendiente para las próximas convocatorias), se está fomentando la vagancia y el desinterés, pues los alumnos saben que no necesitan "hacer ni el huevo" para acabar aprobando, en muchos casos además porque "son aprobados" para que se quiten del medio. Esta falta de exigencia se traduce en que los niños arrastran déficit de conocimientos de un año a otro, y al siguiente, y al posterior, hasta que al final se caen con todo el equipo al verse totalmente incapaces de seguir las explicaciones del docente. Además, la estructura del sistema contempla un bombardeo absurdo de conocimientos teóricos que "no sirven para nada" a ojos del alumno, pues aparecen presentados como pura teoría, y acaba derivando a que los niños "estudian para el examen y luego se olvidan de todo". Visto desde más arriba, explotar la memoria para que los alumnos se planten en la silla el día del examen y escriban como autómatas siete folios acerca de Da Vinci, por ejemplo, sin tener ni idea de lo que están contando, es un método que lleva al no pensar. Tú copias lo que pone en la pizarra, te lo estudias, haces el examen, pasas de curso, y sigues. Así hasta que te das de bruces con la realidad o mueres en la más tierna y completa ignorancia.
El sistema, la EDUCACIÓN, consiste en enseñar, precisamente, a pensar, a ser capaces de formarnos nuestras propias ideas, de querer indagar y de fomentar la curiosidad, el amor por la cultura y las ganas de aprender. No podemos ir por la vida "estudiando para el examen" porque no vamos a llegar a ningún lado; la competencia cada vez es mayor, ya no a nivel nacional, ni internacional, sino a nivel mundial. Que se dice pronto. ¿Y qué hacemos nosotros? Inventarnos asignaturas de relleno (en efecto, queridos bachilleres, me refiero a CMC), arrastrar contenidos y fomentar la desinformación. Las clases de debate deberían ser obligatorias, debería haber una mayor influencia de las artes, la filosofía debería implantarse mucho antes, y, sobre todo, la educación debería contemplar una enseñanza de carácter GENERAL, es decir, que todos aprendiéramos economía, matemáticas, biología, literatura, música e incluso lenguas clásicas ANTES de especializarnos y convertirnos en expertos en física, derecho o medicina. Es imperativo que aprendamos a pensar antes de evolucionar, porque no hay una sin la otra.
Todos estos cambios están en nuestras manos, pero primero debemos darnos cuenta que la Educación no es un tema de política, es un tema de humanismo. La educación lo es todo, porque como siempre digo, los niños de hoy serán los adultos del mañana. Aquellos a los que les negamos una educación de calidad tendrán que pagar nuestras pensiones, y "levantar el país" como no lo están haciendo ahora. No podemos dejar el cambio "para mañana", tenemos que empezar desde ya y desde abajo. La riqueza de un país no se mide sólo por su productividad, por su liderazgo en los mercados internacionales o por su renta per cápita. La riqueza de un país se mide en la cultura de sus habitantes.
Tal y como se presenta, ahora sabemos "mucho de todo", pero al final no sabemos nada de nada, porque entre rocas con textura lepidoblástica, alomorfos de palabras, ecuaciones trigonométricas y física cuántica, nos estamos dejando por el camino la lengua y la aritmética. ¿De qué sirve que un quinceañero sepa descomponer la palabra "aterrizaje" en morfemas, lexemas y sabe Dios qué otras invenciones de nuestra respetada Real Academia, si todavía tartamudea al leer un texto? ¿De que sirve saberse la vida de Antonio Machado mejor que él mismo si no se entiende lo que se lee? ¿Cuál es la función de los límites y las funciones logarítmicas si los alumnos tienen que usar la calculadora para restar una fracción? La carrera tecnológica de las últimas décadas ha transformado profundamente la concepción de la educación (al menos en España, que nos gusta ir de modernos y al final acabamos metiendo la pata), creando un sistema educativo que bombardea a los alumnos con contenidos demasiado específicos antes de asentar las bases fundamentales; es decir, nos enseñan a correr antes que a andar.
Por otro lado, centrándonos en el tema de la permisividad, al conceder tantas "oportunidades" para aprobar una asignatura (del examen suspenso a diciembre, a junio, a septiembre, e incluso al siguiente curso según la asignatura con el suspenso en cuestión pendiente para las próximas convocatorias), se está fomentando la vagancia y el desinterés, pues los alumnos saben que no necesitan "hacer ni el huevo" para acabar aprobando, en muchos casos además porque "son aprobados" para que se quiten del medio. Esta falta de exigencia se traduce en que los niños arrastran déficit de conocimientos de un año a otro, y al siguiente, y al posterior, hasta que al final se caen con todo el equipo al verse totalmente incapaces de seguir las explicaciones del docente. Además, la estructura del sistema contempla un bombardeo absurdo de conocimientos teóricos que "no sirven para nada" a ojos del alumno, pues aparecen presentados como pura teoría, y acaba derivando a que los niños "estudian para el examen y luego se olvidan de todo". Visto desde más arriba, explotar la memoria para que los alumnos se planten en la silla el día del examen y escriban como autómatas siete folios acerca de Da Vinci, por ejemplo, sin tener ni idea de lo que están contando, es un método que lleva al no pensar. Tú copias lo que pone en la pizarra, te lo estudias, haces el examen, pasas de curso, y sigues. Así hasta que te das de bruces con la realidad o mueres en la más tierna y completa ignorancia.
El sistema, la EDUCACIÓN, consiste en enseñar, precisamente, a pensar, a ser capaces de formarnos nuestras propias ideas, de querer indagar y de fomentar la curiosidad, el amor por la cultura y las ganas de aprender. No podemos ir por la vida "estudiando para el examen" porque no vamos a llegar a ningún lado; la competencia cada vez es mayor, ya no a nivel nacional, ni internacional, sino a nivel mundial. Que se dice pronto. ¿Y qué hacemos nosotros? Inventarnos asignaturas de relleno (en efecto, queridos bachilleres, me refiero a CMC), arrastrar contenidos y fomentar la desinformación. Las clases de debate deberían ser obligatorias, debería haber una mayor influencia de las artes, la filosofía debería implantarse mucho antes, y, sobre todo, la educación debería contemplar una enseñanza de carácter GENERAL, es decir, que todos aprendiéramos economía, matemáticas, biología, literatura, música e incluso lenguas clásicas ANTES de especializarnos y convertirnos en expertos en física, derecho o medicina. Es imperativo que aprendamos a pensar antes de evolucionar, porque no hay una sin la otra.
Todos estos cambios están en nuestras manos, pero primero debemos darnos cuenta que la Educación no es un tema de política, es un tema de humanismo. La educación lo es todo, porque como siempre digo, los niños de hoy serán los adultos del mañana. Aquellos a los que les negamos una educación de calidad tendrán que pagar nuestras pensiones, y "levantar el país" como no lo están haciendo ahora. No podemos dejar el cambio "para mañana", tenemos que empezar desde ya y desde abajo. La riqueza de un país no se mide sólo por su productividad, por su liderazgo en los mercados internacionales o por su renta per cápita. La riqueza de un país se mide en la cultura de sus habitantes.
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