Por motivos personales, el blog permanecerá en stand-by indefinidamente.
Os pido disculpas de corazón.
Atte:
-Carmen.
"Debes convertirte en el cambio que deseas ver en el mundo."
—Gandhi
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viernes, 31 de enero de 2014
viernes, 24 de enero de 2014
Contra el bullying
Los que hayáis estado siguiendo HyH un tiempo recordaréis que ya hice una entrada con este título, en la que promocioné el blog de Rise From The Ground, cuya autora (adolescente canaria) realiza un óptimo trabajo para prevenir y tratar esta terrible situación que cada vez se extiende más no sólo por nuestro país, sino por todo el mundo. Esta vez, sin embargo, la entrada será referida desde mi punto de vista.
"Es sólo un juego de niños": el pretexto más argüido y más cobarde para mirar hacia otro lado. ¿Cómo es posible que en cualquier momento parezca un juego de niños, me pregunto, indignada? Oh, es cierto, la visión más llamativa es la de las risas. Carcajadas, mofas, burlas y ataques hacia una persona que no ha hecho nada por merecerlos. No es un juego de niños. O, si lo es, considero preciso dejar claro lo crueles que son. En un juego todos se divierten; en el acoso escolar, no. Una palabra fuera de lugar, una acción equivocada sin ánimo de ofensa, un físico fuera del canon, es motivo suficiente, o mejor dicho excusa, para que se desate la impiedad de los inocentes escolares (por favor, nótese el sarcasmo); y con este primer "error", se acumulan miles de burlas e insultos, incluso agresiones físicas, a las que, por desgracia, demasiados adultos dan la espalda. El bullying no se acaba con la edad; en muchos casos, empeora. Puede parecer una exageración, pero desde la propia experiencia, puedo asegurar que no lo es.
El bullying destroza vidas, total, completa y literalmente. Los niños crecen en el seno del miedo, de la angustia y de la falta de autoestima; ser un adolescente ya es suficientemente complicado como para que alguien se meta contigo. Todos estos miedos, estas constantes ganas de llorar y demás sentimientos, demasiado dolorosos como para enumerarlos uno por uno, derivan en personas vacías, muertas por dentro, constantemente fingiendo y ocultando su verdadera personalidad o sentimientos. En el peor de los casos, y no tan poco común como muchos creen, lleva al suicidio. Quiero pediros, lectores, que sólo por un momento os pongáis en la piel de ese adolescente, ese chico o esa chica a la que han golpeado, apaleado y maltratado (física o verbalmente) durante AÑOS, hasta destruirles por completo; imaginaos lo que es empezar a creerte los insultos, a pensar que la culpa es tuya, a odiarte a ti mismo por no ser capaz de ser como todos. ¿Podéis haceros una idea? Ahora id un poco más allá: imaginaos cuán profundo y sangrante puede ser el dolor para hacerte desear morir.
No diré nada más al respecto. Salvo que no es un juego de niños.
"Es sólo un juego de niños": el pretexto más argüido y más cobarde para mirar hacia otro lado. ¿Cómo es posible que en cualquier momento parezca un juego de niños, me pregunto, indignada? Oh, es cierto, la visión más llamativa es la de las risas. Carcajadas, mofas, burlas y ataques hacia una persona que no ha hecho nada por merecerlos. No es un juego de niños. O, si lo es, considero preciso dejar claro lo crueles que son. En un juego todos se divierten; en el acoso escolar, no. Una palabra fuera de lugar, una acción equivocada sin ánimo de ofensa, un físico fuera del canon, es motivo suficiente, o mejor dicho excusa, para que se desate la impiedad de los inocentes escolares (por favor, nótese el sarcasmo); y con este primer "error", se acumulan miles de burlas e insultos, incluso agresiones físicas, a las que, por desgracia, demasiados adultos dan la espalda. El bullying no se acaba con la edad; en muchos casos, empeora. Puede parecer una exageración, pero desde la propia experiencia, puedo asegurar que no lo es.
El bullying destroza vidas, total, completa y literalmente. Los niños crecen en el seno del miedo, de la angustia y de la falta de autoestima; ser un adolescente ya es suficientemente complicado como para que alguien se meta contigo. Todos estos miedos, estas constantes ganas de llorar y demás sentimientos, demasiado dolorosos como para enumerarlos uno por uno, derivan en personas vacías, muertas por dentro, constantemente fingiendo y ocultando su verdadera personalidad o sentimientos. En el peor de los casos, y no tan poco común como muchos creen, lleva al suicidio. Quiero pediros, lectores, que sólo por un momento os pongáis en la piel de ese adolescente, ese chico o esa chica a la que han golpeado, apaleado y maltratado (física o verbalmente) durante AÑOS, hasta destruirles por completo; imaginaos lo que es empezar a creerte los insultos, a pensar que la culpa es tuya, a odiarte a ti mismo por no ser capaz de ser como todos. ¿Podéis haceros una idea? Ahora id un poco más allá: imaginaos cuán profundo y sangrante puede ser el dolor para hacerte desear morir.
No diré nada más al respecto. Salvo que no es un juego de niños.
El vídeo adjuntado muestra una historia descorazonadora y advierto a los lectores sensibles de los posibles choques emocionales que pueda causar.
sábado, 18 de enero de 2014
Por la cultura
El "Humanista" que da nombre a este blog hace referencia al amor por la cultura; a esa maravillosa fascinación que ejercen sobre nosotros todo tipo de materias, desde la música hasta las ciencias, la física, la literatura, el arte del cine, la biología, la historia, la filosofía... Podría explicar por qué cada una de ellas despierta en mí un interés diferente en cada caso, por qué son necesarias, por qué son, sin más, por qué su importancia; no obstante, todo ello nos llevaría a una entrada demasiado larga incluso para los más ávidos lectores, así que voy a intentar esforzarme lo más que pueda para tratar de explicar por qué la cultura es, sencillamente, maravillosa... e imprescindible.
Para comenzar, pondré un ejemplo histórico; puede parecer irrelevante, pero es posible que si Adolf Hitler hubiera estudiado un poco de historia los últimos setenta años se habrían desarrollado de una manera muy diferente a cómo lo hizo, dado que la decisión del Führer de invadir Rusia le llevó a la misma derrota que sufrió el implacable Napoleón, un siglo atrás. Como ya he dicho, este ejemplo puede parecer irrelevante (dado que, naturalmente, el desarrollo del final de la guerra no dependió solamente de la derrota en Rusia), pero, en pequeña medida, demuestra lo que un poco de cultura puede hacer. Vivimos en un mundo que cada vez avanza más rápido; y dada nuestra naturaleza de preservar las cosas antiguas, nos encontramos con una ingente montaña de cultura y conocimientos que se remontan a la misma cuna del Hombre. Es sabido, también, que este Hombre del que hablo, es decir, la raza humana, siente una curiosidad innata por el mundo; ¿qué es esa esfera brillante que nos ilumina durante el día? ¿Por qué gira a nuestro alrededor? ¿Por qué caen los cuerpos al suelo? ¿Por qué crecen moscas en un tarro de carne dejado al aire libre? A 18 de enero de 2014, conocemos la respuesta a todas estas preguntas; no obstante, Copérnico, Newton y Redi, no. Y de no ser por la CURIOSIDAD que sentían ante estos aspectos tan simples para nosotros ahora, no hubiéramos llegado hasta donde estamos.
Sin embargo, cultura no significa sólo ciencia; cultura también es arte. Literatura; pocas palabras hay más bellas. Música, pintura, escultura, arquitectura, cine... Todas ellas son expresiones de arte, y deberíamos avergonzarnos, servidora incluida, de no pararnos a admirar todo lo que nos rodea. Como lógicamente no gozamos del tiempo suficiente para abarcarlo todo ello, podemos intentar coleccionar tanto como nos sea posible. Y es que, si nos paramos a pensarlo, nuestra vida es un poco aburrida; ¿qué mejor manera de escapar de ella un rato que siendo transportados a las historias de otros, a países, continentes, épocas y mundos lejanos... a través de un libro? Se dice que el lector no vive una sola vida, sino que recoge todas aquellas que leyó en libros; la literatura tiene el poder de cambiarnos, de hacernos reflexionar, de motivarnos a ser mejor personas o, simple y llanamente, de distraernos un rato. Vais a tener que disculpar la vena literaria de esta Humanista, pero debo defender aquello que más admiro: la magia todavía existe, y se encuentra en los libros. Y en la música, y en la pintura; y en todas las artes, en todas sus formas de expresión y forma.
Como podéis ver, la cultura mueve al mundo; hace avanzar a la ciencia, mejora nuestra vida, nos da las respuestas a preguntas que quizá nunca nos habíamos planteado, pero que, insospechadamente, necesitábamos saber. Mas su alcance no se queda ahí. Pues la cultura lo es absolutamente todo. Cultura es conocimiento, es comprensión, y, sobre todo, es humanidad. ¿Qué es la cultura? La primera acepción del diccionario de la Real Academia es que es el "Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico"; pero... ¿no nombramos con la misma palabra a las costumbres de un pueblo, su modo de vida y sus métodos? La cultura nos permite conocernos a nosotros mismos y a nuestros antepasados, pero lo que es más importante, nos permite conocer a nuestros congéneres; cristianos, judíos, musulmanes, ateos... Todos somos seres humanos; y muchas veces el desencadenante de un conflicto es la pura ignorancia. Sólo basta con sentir curiosidad, con preguntar, con preocuparse para poder solucionar un problema.
De todo esto deriva que necesitamos PREOCUPARNOS por la cultura, debemos querer APRENDER y DESCUBRIR cosas acerca del mundo que nos rodea... Son palabras realmente bellas, y aún más poderosas; si un libro te parece aburrido, no has encontrado el adecuado para ti; moléstate en seguir buscando, indaga y comprueba que, de hecho, "todos los libros te aburren". Puede que descubras que te equivocas. O quizá descubras alguna destreza que no conocías, o algún personaje que haga que tu corazón se pare, o que te entren ganas de viajar y conocer las formas de vida de otros pueblos, de otras regiones, de otras mentalidades... La cultura es una verdadera maravilla, y el "no sirve para nada" es infinitamente falso, en toda su extensión. No hay nada que no sirva para nada. Los escépticos no lo comprenderán hasta que, dentro de veinte, treinta, cuarenta años, se topen con "el pedante de la clase al que le gusta estudiar" en las noticias, por haber descubierto la cura para, quizá, el cáncer.
La cultura lo es todo.
Para comenzar, pondré un ejemplo histórico; puede parecer irrelevante, pero es posible que si Adolf Hitler hubiera estudiado un poco de historia los últimos setenta años se habrían desarrollado de una manera muy diferente a cómo lo hizo, dado que la decisión del Führer de invadir Rusia le llevó a la misma derrota que sufrió el implacable Napoleón, un siglo atrás. Como ya he dicho, este ejemplo puede parecer irrelevante (dado que, naturalmente, el desarrollo del final de la guerra no dependió solamente de la derrota en Rusia), pero, en pequeña medida, demuestra lo que un poco de cultura puede hacer. Vivimos en un mundo que cada vez avanza más rápido; y dada nuestra naturaleza de preservar las cosas antiguas, nos encontramos con una ingente montaña de cultura y conocimientos que se remontan a la misma cuna del Hombre. Es sabido, también, que este Hombre del que hablo, es decir, la raza humana, siente una curiosidad innata por el mundo; ¿qué es esa esfera brillante que nos ilumina durante el día? ¿Por qué gira a nuestro alrededor? ¿Por qué caen los cuerpos al suelo? ¿Por qué crecen moscas en un tarro de carne dejado al aire libre? A 18 de enero de 2014, conocemos la respuesta a todas estas preguntas; no obstante, Copérnico, Newton y Redi, no. Y de no ser por la CURIOSIDAD que sentían ante estos aspectos tan simples para nosotros ahora, no hubiéramos llegado hasta donde estamos.
Sin embargo, cultura no significa sólo ciencia; cultura también es arte. Literatura; pocas palabras hay más bellas. Música, pintura, escultura, arquitectura, cine... Todas ellas son expresiones de arte, y deberíamos avergonzarnos, servidora incluida, de no pararnos a admirar todo lo que nos rodea. Como lógicamente no gozamos del tiempo suficiente para abarcarlo todo ello, podemos intentar coleccionar tanto como nos sea posible. Y es que, si nos paramos a pensarlo, nuestra vida es un poco aburrida; ¿qué mejor manera de escapar de ella un rato que siendo transportados a las historias de otros, a países, continentes, épocas y mundos lejanos... a través de un libro? Se dice que el lector no vive una sola vida, sino que recoge todas aquellas que leyó en libros; la literatura tiene el poder de cambiarnos, de hacernos reflexionar, de motivarnos a ser mejor personas o, simple y llanamente, de distraernos un rato. Vais a tener que disculpar la vena literaria de esta Humanista, pero debo defender aquello que más admiro: la magia todavía existe, y se encuentra en los libros. Y en la música, y en la pintura; y en todas las artes, en todas sus formas de expresión y forma.
Como podéis ver, la cultura mueve al mundo; hace avanzar a la ciencia, mejora nuestra vida, nos da las respuestas a preguntas que quizá nunca nos habíamos planteado, pero que, insospechadamente, necesitábamos saber. Mas su alcance no se queda ahí. Pues la cultura lo es absolutamente todo. Cultura es conocimiento, es comprensión, y, sobre todo, es humanidad. ¿Qué es la cultura? La primera acepción del diccionario de la Real Academia es que es el "Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico"; pero... ¿no nombramos con la misma palabra a las costumbres de un pueblo, su modo de vida y sus métodos? La cultura nos permite conocernos a nosotros mismos y a nuestros antepasados, pero lo que es más importante, nos permite conocer a nuestros congéneres; cristianos, judíos, musulmanes, ateos... Todos somos seres humanos; y muchas veces el desencadenante de un conflicto es la pura ignorancia. Sólo basta con sentir curiosidad, con preguntar, con preocuparse para poder solucionar un problema.
De todo esto deriva que necesitamos PREOCUPARNOS por la cultura, debemos querer APRENDER y DESCUBRIR cosas acerca del mundo que nos rodea... Son palabras realmente bellas, y aún más poderosas; si un libro te parece aburrido, no has encontrado el adecuado para ti; moléstate en seguir buscando, indaga y comprueba que, de hecho, "todos los libros te aburren". Puede que descubras que te equivocas. O quizá descubras alguna destreza que no conocías, o algún personaje que haga que tu corazón se pare, o que te entren ganas de viajar y conocer las formas de vida de otros pueblos, de otras regiones, de otras mentalidades... La cultura es una verdadera maravilla, y el "no sirve para nada" es infinitamente falso, en toda su extensión. No hay nada que no sirva para nada. Los escépticos no lo comprenderán hasta que, dentro de veinte, treinta, cuarenta años, se topen con "el pedante de la clase al que le gusta estudiar" en las noticias, por haber descubierto la cura para, quizá, el cáncer.
La cultura lo es todo.
miércoles, 1 de enero de 2014
Por una economía justa
Capitalismo o socialismo, parece que hoy en día solo existe el blanco o el negro, derecha o izquierda. Y en una película así no existe un “bando de los buenos”. Tal y como dice nuestro admirado Aristóteles, la virtud está en el centro que hay entre dos extremos equivocados; aunque los de cada lado crean que su fórmula es perfecta para la sociedad mientras que la contraria a la suya es completamente errónea, lo cierto es que ninguno de ambos bandos es mejor que el otro. Veamos las razones con detenimiento.
Cuando hablamos del capitalismo, nos referimos a un sistema económico en el que cada ciudadano tiene libertad total para invertir y aumentar sus bienes y fortuna de forma privada, creando así un mercado de consumo al que cada individuo (empresa) aporta sus productos; cuanto más solicitados estén, más estará dispuesta a pagar la gente. De este modo, todo depende de la relación oferta-demanda y el éxito depende de saber establecer el precio más alto posible siempre y cuando no deje de atraer clientes y por tanto de ser rentable. La otra cara de la moneda, sin embargo, está en la división por clases que esto conlleva: al encontrarse los precios siempre en el límite alto que la mayoría (la clase media) puede pagar, es inevitable que quede una parte que no pueda permitírselos y tenga que resignarse a una peor calidad o renunciar a ellos. De la misma manera, aquellos que son suficientemente ricos destacan sobre la clase media, pues lógicamente pueden permitirse precios más altos, más calidad y más cantidad. Un interesante y terrible efecto del capitalismo es cómo la riqueza genera riqueza, es decir, que los ricos se vuelven inevitablemente más ricos, mientras que los pobres tienden a empobrecerse más.
Contra estas injusticias nació el socialismo (marxiano) cuyo fin es mantener a todas las personas al mismo nivel social y económico. Para ello es necesario un control total del Estado sobre la economía, es decir, que la economía deje de ser libre y el dinero no fluya sólo. Los sueldos y los precios están obligados a ser iguales para todos, de modo que cada uno tenga el mismo poder adquisitivo. Sin embargo, esto provoca de nuevo una gran injusticia, pues uno no recibe lo que se merece por su trabajo, para bien o para mal. Como por mucho que trabajes y te esfuerces tu sueldo no puede subir, al final es inevitable que todos acaben en la dejadez y la falta de entusiasmo, lo que provoca una economía torpe e ineficaz. Además, en el afán de igualar económicamente a todos los ciudadanos, el gobierno arrebata las riquezas que “le sobran” a los más ricos, riquezas que son merecida y legítimamente suyas. Y, me repito, al tener un mínimo asegurado, los más pobres acaban dejando de preocuparse por buscarse la vida y, por pobres que sean, reciben un dinero que quizá no se merezcan.
Conociendo pues, ambas formas de economía, ¿cómo posicionarse en una de las dos, si ambas son realmente injustas? Podemos partir de la base que, de acuerdo con los derechos humanos (y las revoluciones del siglo XIX), la libertad debe ser respetada ante todo. En términos económicos, si te has esforzado y has trabajado por algo, nadie tiene derecho a quitártelo (me refiero a la política socialista). Pero al mismo tiempo, el ser humano es por instinto codicioso, desea siempre tener más, y sobre todo más que los demás. Si tenemos libertad, vía libre, para intentar conseguir nuestra riqueza, lo más seguro es que el dinero se convierta en el centro de nuestra vida y acabemos viviendo por y para él, lo que lleva al consumismo (pronto habrá una entrada en HyH sobre ese tema) y nos aleja irremediablemente de la felicidad. Son muchos los que escogen carreras que no cumplen con sus intereses solo por el dinero que vaya a aportarles su trabajo, sin pararse a pensar que trabajar toda la vida en algo que no les gusta no puede hacerles felices. La explicación de por qué el dinero no da la felicidad es sencilla: cuando creemos que seremos más felices siendo ricos, esa felicidad no es exactamente como nos la imaginamos. Se es feliz cuando se CONSIGUE más dinero, no cuando se tiene. Una vez se posee una cantidad, da igual lo alta que sea, necesitamos más, y así sucesivamente, sin llegar nunca a una satisfacción plena. El resultado: una carrera permanente, codo contra codo, en la que tienes que derribar y zafarte de los demás para poder llegar más lejos.
Con una mentalidad así, que por desgracia es la que se está desarrollando cada vez más, es inevitable que la sociedad se vaya volviendo cada vez más hostil, más egoísta, más avara y en definitiva menos feliz. La ética ha desaparecido completamente, la gran crisis actual es el apogeo que lo demuestra; el mundo se ha convertido en una jungla en la que o hundes a cientos o una jauría te hunde a ti. ¿Dónde queda la humanidad en todo esto? ¿Dónde queda el pararse a pensar que tú podrías ser aquel a quien pisoteas, y la compasión hacia él?
Si deseamos la libertad económica, pero también queremos mantener una sociedad armoniosa y unida, debemos aprender a usar la libertad responsablemente y a respetar las personas antes que el dinero; tener claro en todo momento que nuestra intención debe ser colaborar y ayudarnos entre todos. Esto puede sonar a los ideales socialistas, pero es irrefutable que en el egoísmo no está el camino hacia la felicidad. Y, por último, la gran diferencia es que el socialismo OBLIGA a actuar así; nunca se puede ser feliz por algo impuesto por la fuerza. La empatía hacia el prójimo debería salir de nosotros mismos, y eso es algo que solo puede lograrse con un gran fomento de la educación y la ética. La educación, nuestra proveedora de seres humanos, el motor de la sociedad, nuestra esperanza y sin embargo nuestra gran carencia… de ella depende el cambio que debe haber en la humanidad y su mentalidad.
-Víctor Ardelean
martes, 31 de diciembre de 2013
El umbral del año
Nos encontramos a las puertas del comienzo de un nuevo año.
Dondequiera que miremos, vemos los preparativos de las fiestas que bullirán esta
noche, luces, decoraciones, comida… Es irrefutablemente una ocasión digna de
festejar por todo lo alto, pero quizá podamos pararnos unos minutos a pensar qué
se esconde detrás de todo este ruido y música.
Un año muere, a la vez que uno nuevo ve la luz. El ciclo
comienza otra vez, sin querer eso decir que todos lo años sean iguales. No, cada
año es único, y las cosas que suceden durante ellos no volverán a pasar. Por
eso, no debemos permitir que los años pasen a través de nosotros indiferentemente. Echemos un vistazo atrás para observar todo lo que hemos vivido en el último año, y quizá
lleguemos a sentirnos agradecidos por todos los buenos recuerdos que podamos atesorar de estos últimos doce meses. Esto tampoco quiere decir que debamos rechazar las malas experiencias; no, en absoluto, si no las recordáramos ni las
tuviesemos presentes, la felicidad no podría llenarnos de la misma manera. No
permitamos que los años, los recuerdos y la vida caigan en el olvido. Al fin y al
cabo, un año muere, y lo respetamos acordándonos de él como haríamos con un
amigo.
Ahora, si hemos sido capaces de despedir el año pasado como se merece,
también podemos mirar hacia delante y darle la bienvenida a esta nueva
etapa, que tan próxima está ya. Es costumbre para muchas personas hacerse
promesas a sí mismas que cumplir durante ella. Objetivos, metas que le hagan a
uno mejor persona y, en realidad, más feliz. Si hay un momento
especial para comenzar un proyecto, hacer realidad un sueño o enfrentarse a
aquello que más odiamos de nosotros, es este. Pensemos en cómo hacer desaparecer los
momentos oscuros del pasado, y luchemos por sacar el máximo partido del año que
entra. En definitiva, el comienzo de un año siempre será algo especial, algo
que da que pensar y que no debe reducirse a un simple festejo más.
Pero, por último, más importante que todo este “balance de
lo bueno y malo”, es recordar que toda esta ilusión y promesas no deberían
quedarse en un efímero día. Cada uno de los días del año, al despertar,
acordémonos de cómo nos sentíamos al comienzo del año, ese deseo de volver las cosas
un poquito mejor, y asegurémonos de que se cumpla, luchando por ello día a día. Es
demasiado fácil acostumbrarse a la rutina, y rutina significa precisamente
monotonía, sin que ningún día sea especial. Que no sea así. Que cada día sea un
Año Nuevo. Que nuestras promesas se mantengan siempre vivas. Si algo se puede desear
más que nada para empezar un año, es no acostumbrarse nunca a la belleza del
mundo, no perder la capacidad de asombrarse con los pequeños detalles, hacer de
la vida algo especial y único que merezca la pena. Algo a lo que deseemos fervientemente aferrarnos.
¡Feliz Año Nuevo 2014!
-Víctor Ardelean
¡Felices Fiestas a todos!
Queridos lectores de Humana y Humanista:
Como primero, daros las gracias a todos los que os habéis tomado la molestia de leernos a Víctor y a mí (aunque sólo de momento; el nuevo año traerá nuevos colaboradores), así como a los que nos habéis ayudado a difundir nuestra empresa, ya sea de palabra o a través de las redes sociales: mil gracias de corazón.
A continuación, debo pediros disculpas por no haber actualizado el blog estos últimos días; el invierno no perdona, y una servidora fue derribada por las anginas, lo que lamentablemente me imposibilitó escribir nuevos artículos. No obstante, ya me encuentro bien, por lo que acabaremos el año con fuerza, con una fantástica entrada de manos de Víctor (que publicaré a continuación) y otras contribuciones mías que iré escribiendo a lo largo de la tarde.
Una vez dicho esto, nuestro último mensaje es, de nuevo, de agradecimiento por acompañarnos, y así, desde Humana y Humanista queremos desearos unas felices fiestas (entono un mea culpa por llegar tarde para felicitar la Navidad) y un muy próspero año nuevo. Este es un día para reflexionar, para hacer balance, y, sobre todo, para proponer cambios; os animo a todos a querer cambiar, siempre para bien, a ayudar, a dar lo mejor de vosotros y, sobre todo, a ser felices.
Cordialmente,
HyH.
Como primero, daros las gracias a todos los que os habéis tomado la molestia de leernos a Víctor y a mí (aunque sólo de momento; el nuevo año traerá nuevos colaboradores), así como a los que nos habéis ayudado a difundir nuestra empresa, ya sea de palabra o a través de las redes sociales: mil gracias de corazón.
A continuación, debo pediros disculpas por no haber actualizado el blog estos últimos días; el invierno no perdona, y una servidora fue derribada por las anginas, lo que lamentablemente me imposibilitó escribir nuevos artículos. No obstante, ya me encuentro bien, por lo que acabaremos el año con fuerza, con una fantástica entrada de manos de Víctor (que publicaré a continuación) y otras contribuciones mías que iré escribiendo a lo largo de la tarde.
Una vez dicho esto, nuestro último mensaje es, de nuevo, de agradecimiento por acompañarnos, y así, desde Humana y Humanista queremos desearos unas felices fiestas (entono un mea culpa por llegar tarde para felicitar la Navidad) y un muy próspero año nuevo. Este es un día para reflexionar, para hacer balance, y, sobre todo, para proponer cambios; os animo a todos a querer cambiar, siempre para bien, a ayudar, a dar lo mejor de vosotros y, sobre todo, a ser felices.
Cordialmente,
HyH.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Por el respeto hacia los docentes
Siguiendo el hilo de mi última entrada, quiero denunciar la pérdida de uno de los valores más importantes de la sociedad: el respeto. Puede que este sea el valor concreto más importante de toda nuestra sociedad, y me complace proceder a explicar por qué, con ello confiando en que pueda hacer mella en alguno de mis lectores. La primera definición de dicha palabra en la RAE es "veneración, acatamiento que se hace a alguien"; sin embargo, dada la pérdida de valores ético-cívicos y morales de los últimos cincuenta años, me atrevo a decir que esta definición ya no se ajusta a la realidad que entendemos muchos por "respeto" hacia los demás.
Me centraré principalmente en el respeto hacia la figura que debería ser, en efecto, venerada por toda la sociedad: el profesor. ¿Por qué tenemos que respetar a nuestros profesores? Para escribir este artículo, yo misma he tenido que pensar con detenimiento la respuesta; para mí es algo natural, casi obligatorio, y me avergonzaría de mí misma si faltara al respeto a uno de mis docentes. Esto es, naturalmente, porque me lo han enseñado en casa (como bien digo en mi anterior entrada) desde pequeña, aunque ahora la sencillez y simpleza del asunto me está dando un curioso quebradero de cabeza; he llegado a la conclusión de que, en efecto, las razones son muy simples. Mis padres me han enseñado el valor de la cultura, la importancia de adquirir conocimientos, tanto para el futuro como para el presente, y poca gente hay a parte de nuestros profesores que estén cualificados/dispuestos a hacer dicha tarea. En este caso, respeto significa valorar lo mucho que estas personas hacen por nosotros, otorgándonos, nada más y nada menos, conocimiento. Es preciso respetar a nuestros profesores porque ellos nos están dando de comer, figuradamente; aquel que nos enseña a pensar, nos enseña a ser, y a falta de academias platónicas o escuelas pitagóricas en las que poder empaparnos de la oh, gran cultura griega, no nos queda otra que hacer caso al pobre panoli de la bata blanca que tiene que aguantar a un grupo de adolescentes que no podrían tener menos interés en lo que está diciendo.
¿He conseguido hacer palpable la injusticia de esta situación? A pesar de que nuestros profesores nos dan todo lo que tienen, es decir, sus propios conocimientos, para que nosotros podamos llegar aún más lejos de lo que han llegado ellos, hoy en día es tal la desfachatez de algunos alumnos que ni siquiera son capaces de agradecérselo mostrando un mínimo de respeto. Es cierto que hay profesores que, por desgracia, no se comportan como quizá deberían, y asimismo faltan al respeto a sus alumnos; una chica que conozco me dijo una vez: "No voy a respetar a (inserte aquí el nombre de la profesora a la que se refería, cuya identidad, naturalmente, no voy a desvelar) si ella no me respeta a mí". Esta extrapolación del "ojo por ojo" hammurabi es, lamentablemente, incorrecta, por la sencilla razón de que un profesor, en su posición de profesor, está por encima de ti, alumno, en tu posición de alumno (con esto quiero hacer presente que me refiero al ámbito escolar, que no fuera de él, pues ése es otro tema). De esto deriva que, por desgracia, el mundo no es justo, y aunque haya profesores que sean injustos con nosotros, es nuestra obligación como alumnos, como ovejas del rebaño que pastorean, respetar la labor que para bien o para mal llevan a cabo. Ello no quiere decir que tengamos que admirar a todos y cada uno de ellos, ni mucho menos; que cada uno haga y diga lo que quiera en privado, pero es imperativo que mostremos el debido respeto al menos ante los sujetos a tratar.
Esto puede parecer hipocresía (fingir respeto por el profesor que luego vas a poner a parir en el recreo), pero de hecho no lo es. Y es que el respeto actual (al menos tal y como yo lo veo) no se basa en una concepción ética, sino en un comportamiento moral; es decir, no necesitamos SENTIR respeto por nuestros profesores, mayores y demás figuras de poder (ya que se supone que están por encima de nosotros porque lo merecen... aunque ciertamente es muy discutible), aunque desde luego deberíamos, pero, al menos, MOSTRARLO. Esto puede extrapolarse también a la "seguridad" del anonimato del que disfrutamos en Internet, que prácticamente nos incita a decir lo que nos dé la gana, con ello pasándonos el respeto por la suela del zapato; quiero remitirme a un fantástico "tuit" que leí hace tiempo que decía "Respétame, hijo de puta" (pido disculpas si alguien se siente ofendido por el lenguaje, pero lo considero especialmente representativo). La ironía del mensaje es clara: exigimos respeto sin darlo, y lamentablemente este juego no funciona así.
Las opiniones, los comportamientos, las personas... No todas son respetables, cierto es. Por ello tenemos que aprender a distinguir cuándo estamos en nuestro derecho de rebatir y reprender una actitud y cuándo es, no obstante, nuestra obligación la de agachar la cabeza y resignarnos a asentir, por mucho que disciernan nuestras opiniones al respecto del tema; no por sumisión, sino por respeto.
Me centraré principalmente en el respeto hacia la figura que debería ser, en efecto, venerada por toda la sociedad: el profesor. ¿Por qué tenemos que respetar a nuestros profesores? Para escribir este artículo, yo misma he tenido que pensar con detenimiento la respuesta; para mí es algo natural, casi obligatorio, y me avergonzaría de mí misma si faltara al respeto a uno de mis docentes. Esto es, naturalmente, porque me lo han enseñado en casa (como bien digo en mi anterior entrada) desde pequeña, aunque ahora la sencillez y simpleza del asunto me está dando un curioso quebradero de cabeza; he llegado a la conclusión de que, en efecto, las razones son muy simples. Mis padres me han enseñado el valor de la cultura, la importancia de adquirir conocimientos, tanto para el futuro como para el presente, y poca gente hay a parte de nuestros profesores que estén cualificados/dispuestos a hacer dicha tarea. En este caso, respeto significa valorar lo mucho que estas personas hacen por nosotros, otorgándonos, nada más y nada menos, conocimiento. Es preciso respetar a nuestros profesores porque ellos nos están dando de comer, figuradamente; aquel que nos enseña a pensar, nos enseña a ser, y a falta de academias platónicas o escuelas pitagóricas en las que poder empaparnos de la oh, gran cultura griega, no nos queda otra que hacer caso al pobre panoli de la bata blanca que tiene que aguantar a un grupo de adolescentes que no podrían tener menos interés en lo que está diciendo.
¿He conseguido hacer palpable la injusticia de esta situación? A pesar de que nuestros profesores nos dan todo lo que tienen, es decir, sus propios conocimientos, para que nosotros podamos llegar aún más lejos de lo que han llegado ellos, hoy en día es tal la desfachatez de algunos alumnos que ni siquiera son capaces de agradecérselo mostrando un mínimo de respeto. Es cierto que hay profesores que, por desgracia, no se comportan como quizá deberían, y asimismo faltan al respeto a sus alumnos; una chica que conozco me dijo una vez: "No voy a respetar a (inserte aquí el nombre de la profesora a la que se refería, cuya identidad, naturalmente, no voy a desvelar) si ella no me respeta a mí". Esta extrapolación del "ojo por ojo" hammurabi es, lamentablemente, incorrecta, por la sencilla razón de que un profesor, en su posición de profesor, está por encima de ti, alumno, en tu posición de alumno (con esto quiero hacer presente que me refiero al ámbito escolar, que no fuera de él, pues ése es otro tema). De esto deriva que, por desgracia, el mundo no es justo, y aunque haya profesores que sean injustos con nosotros, es nuestra obligación como alumnos, como ovejas del rebaño que pastorean, respetar la labor que para bien o para mal llevan a cabo. Ello no quiere decir que tengamos que admirar a todos y cada uno de ellos, ni mucho menos; que cada uno haga y diga lo que quiera en privado, pero es imperativo que mostremos el debido respeto al menos ante los sujetos a tratar.
Esto puede parecer hipocresía (fingir respeto por el profesor que luego vas a poner a parir en el recreo), pero de hecho no lo es. Y es que el respeto actual (al menos tal y como yo lo veo) no se basa en una concepción ética, sino en un comportamiento moral; es decir, no necesitamos SENTIR respeto por nuestros profesores, mayores y demás figuras de poder (ya que se supone que están por encima de nosotros porque lo merecen... aunque ciertamente es muy discutible), aunque desde luego deberíamos, pero, al menos, MOSTRARLO. Esto puede extrapolarse también a la "seguridad" del anonimato del que disfrutamos en Internet, que prácticamente nos incita a decir lo que nos dé la gana, con ello pasándonos el respeto por la suela del zapato; quiero remitirme a un fantástico "tuit" que leí hace tiempo que decía "Respétame, hijo de puta" (pido disculpas si alguien se siente ofendido por el lenguaje, pero lo considero especialmente representativo). La ironía del mensaje es clara: exigimos respeto sin darlo, y lamentablemente este juego no funciona así.
Las opiniones, los comportamientos, las personas... No todas son respetables, cierto es. Por ello tenemos que aprender a distinguir cuándo estamos en nuestro derecho de rebatir y reprender una actitud y cuándo es, no obstante, nuestra obligación la de agachar la cabeza y resignarnos a asentir, por mucho que disciernan nuestras opiniones al respecto del tema; no por sumisión, sino por respeto.
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